
Tenía las manos largas, manos de pianista.Dedos blanquísimos y algo huesudos.Las uñas cuidadas y cortas.La piel algo reseca como de sufrir con el frío. Manos hermosas y simétricas, inteligentes, interesantes. Pensé que decían mucho de ella.
Mientras me hablaba al otro lado del escritorio, sólo miraba esas manos apoyadas sobre unos papeles. En una de ellas agarraba un bolígrafo de propaganda , que de vez en cuando accionaba nerviosamente sacando la punta . Poco después aquellas manos se movían delante de mi cara enfundadas en unos guates de látex blancos, y su cara se escondía debajo de una mascarilla. En un momento me encontré tumbada en el sillón. Era un sillón grande,cómodo, con un foco de dos ojos deslumbrantes apuntando a mi cara.Me siento pequeña e indefensa.De repente se mueve, alguien acciona algún mecanismo oculto y el el sillón comienza a moverse dejándome casi boca abajo.Luego me cuelgan un papel a modo de babero sobre el pecho. Me agarro a los brazos del sillón y cierro los ojos cogiendo aire, suspiro y me someto a lo que va a suceder a continuación.Miro sus manos de nuevo, parece tuvieran vida propia, se mueven de un lado a otro, ahora abriendo cajones, ahora sacando instrumentos de metal que parecen lápices, pinceles y cuchillos, pequeñas armas blancas que reflejan la luz con el movimiento.Ya los veo colocados ordenadamente ,como un batallón de soldaditos de plomo preparados para la ejecución.La miro de reojo mientras se sienta, se acerca deslizando la silla de ruedas sobre mi lado derecho, y se inclina.Primero veo la mascarilla, luego aquellos tremendos ojos verdes intimidantes fijándose en algún punto de mi cara.
-Abre- me dice
Sus palabras son hipnotizantes, como de prestigitador.Abro la boca y miro al techo del gabinete, me concentro un momento en una mosca atrapada en el plafón de la luz del falso techo, cuánto tiempo llevará allí. Algo me hace bajar la mirada de nuevo a sus ojos, sin duda el instrumento de metal frío que siento en mi lengua.Veo su pupila clavada en mis molares,es un punto negro móvil sobre un fondo verde-mar, se agranda y se achica, como dimensionando, midiendo, reconociendo el terreno. Siento el miedo como una pinchazo clavándose en mi estómago.
Ella aparta entonces su cara enmascarada, se gira y sale de mi campo visual, cuando vuelve a aparecer lleva una pequeña jeringuilla en una mano enfundada en una finísima aguja aproximándose lentamente.
-Esto es algo incómodo, pero no te muevas , por favor-me dice de nuevo, con voz dulce pero distante.
El dolor es intenso, agudo y penetrante, una picadura envenenada clavándose en mi encía. Cuando creo que ya no puedo soportarlo más, todavía permanece clavándose unos segundos interminables.Aprieto fuerte los párpados y quiero gritar, pero no me atrevo. Un pequeña lágrima se asoma al vértice de mi ojo izquierdo.
-Ya está-dice-esto es lo peor.
De repente comienzo a marearme, todo da vueltas, la habitación gira y gira y gira,escucho su voz de lejos pero no sé que me dice. Se hace la oscuridad, y un sudor frío me recorre la espalda. Lo siguiente que veo me espanta y me llena de horror. Su cara está al descubierto, sus ojos inyectados en sangre y en su mano derecha unos alicates enormes, ensangrentados. Se ríe y sus dientes están afilados, como de vampiro.De repente sus manos se agrandan sobre mi cara y me agarran forzándome a abrir la boca. Cuando quiero reaccionar siento como un tremendo instrumento aprisiona una muela de mi mandíbula izquierda arrancándola lentamente, como un crujido , un hueso que se quiebra dentro de mi cabeza, una opresión que empuja y se abre paso, sin dolor, sin angustia...
-Oye, oye, estás bien,ya está , ya pasó todo-escucho su voz amable mientras abro los ojos de nuevo. Lleva algo en la mano, a la altura de mis ojos, lo alza con actitud triunfante, y lo mantiene en el aire cual bandera. Una pequeña pieza dental, con sus raíces y sus restos de sangre.
Me mira una rato, expectante.
Tengo la certeza que debajo de su mascarilla sonríe.
Mientras me hablaba al otro lado del escritorio, sólo miraba esas manos apoyadas sobre unos papeles. En una de ellas agarraba un bolígrafo de propaganda , que de vez en cuando accionaba nerviosamente sacando la punta . Poco después aquellas manos se movían delante de mi cara enfundadas en unos guates de látex blancos, y su cara se escondía debajo de una mascarilla. En un momento me encontré tumbada en el sillón. Era un sillón grande,cómodo, con un foco de dos ojos deslumbrantes apuntando a mi cara.Me siento pequeña e indefensa.De repente se mueve, alguien acciona algún mecanismo oculto y el el sillón comienza a moverse dejándome casi boca abajo.Luego me cuelgan un papel a modo de babero sobre el pecho. Me agarro a los brazos del sillón y cierro los ojos cogiendo aire, suspiro y me someto a lo que va a suceder a continuación.Miro sus manos de nuevo, parece tuvieran vida propia, se mueven de un lado a otro, ahora abriendo cajones, ahora sacando instrumentos de metal que parecen lápices, pinceles y cuchillos, pequeñas armas blancas que reflejan la luz con el movimiento.Ya los veo colocados ordenadamente ,como un batallón de soldaditos de plomo preparados para la ejecución.La miro de reojo mientras se sienta, se acerca deslizando la silla de ruedas sobre mi lado derecho, y se inclina.Primero veo la mascarilla, luego aquellos tremendos ojos verdes intimidantes fijándose en algún punto de mi cara.
-Abre- me dice
Sus palabras son hipnotizantes, como de prestigitador.Abro la boca y miro al techo del gabinete, me concentro un momento en una mosca atrapada en el plafón de la luz del falso techo, cuánto tiempo llevará allí. Algo me hace bajar la mirada de nuevo a sus ojos, sin duda el instrumento de metal frío que siento en mi lengua.Veo su pupila clavada en mis molares,es un punto negro móvil sobre un fondo verde-mar, se agranda y se achica, como dimensionando, midiendo, reconociendo el terreno. Siento el miedo como una pinchazo clavándose en mi estómago.
Ella aparta entonces su cara enmascarada, se gira y sale de mi campo visual, cuando vuelve a aparecer lleva una pequeña jeringuilla en una mano enfundada en una finísima aguja aproximándose lentamente.
-Esto es algo incómodo, pero no te muevas , por favor-me dice de nuevo, con voz dulce pero distante.
El dolor es intenso, agudo y penetrante, una picadura envenenada clavándose en mi encía. Cuando creo que ya no puedo soportarlo más, todavía permanece clavándose unos segundos interminables.Aprieto fuerte los párpados y quiero gritar, pero no me atrevo. Un pequeña lágrima se asoma al vértice de mi ojo izquierdo.
-Ya está-dice-esto es lo peor.
De repente comienzo a marearme, todo da vueltas, la habitación gira y gira y gira,escucho su voz de lejos pero no sé que me dice. Se hace la oscuridad, y un sudor frío me recorre la espalda. Lo siguiente que veo me espanta y me llena de horror. Su cara está al descubierto, sus ojos inyectados en sangre y en su mano derecha unos alicates enormes, ensangrentados. Se ríe y sus dientes están afilados, como de vampiro.De repente sus manos se agrandan sobre mi cara y me agarran forzándome a abrir la boca. Cuando quiero reaccionar siento como un tremendo instrumento aprisiona una muela de mi mandíbula izquierda arrancándola lentamente, como un crujido , un hueso que se quiebra dentro de mi cabeza, una opresión que empuja y se abre paso, sin dolor, sin angustia...
-Oye, oye, estás bien,ya está , ya pasó todo-escucho su voz amable mientras abro los ojos de nuevo. Lleva algo en la mano, a la altura de mis ojos, lo alza con actitud triunfante, y lo mantiene en el aire cual bandera. Una pequeña pieza dental, con sus raíces y sus restos de sangre.
Me mira una rato, expectante.
Tengo la certeza que debajo de su mascarilla sonríe.







jajajaja...anda que..este me ha gustado mucho, aunque por la parte que me toca no salgo muy bien parada...
ResponderSuprimirAlguien le tendría que decir a estos dentistas del siglo XXI que las tenazas son medievales. A mi ya me sacaron 3 muelas del juicio, me queda una, si me la tienen que sacar por favor que sea con algo menos intrusivo que unos hierros tirando a matar y dando vueltas sobre mis huesos y mandibula. Algo habrá. Y, en cuanto al aparato,¿no sería mejor plantearse pequeñas operaciones - aunque sean de un punto de sutura, y haya que estar alimentándose de zumos -para colocar los dientes de una vez- tus dientes- no estoy hablando de sustituirlos- y no hierros -aunque sean transparentes- empujando y provocando dolores infernales?.
ResponderSuprimirEn fin... tal vez en el siglo tropecientos mil... muy bien escrito. Pone los pelos de punta, lo siento por la dentista. Si, seguro que se reía... todos lo hacen. Quitan un dolor.
Andrómeda.
Muchas gracias por tus comentarios Andrómeda...
ResponderSuprimirNo sé quien eres y si tienes un blog por aquí o no..pero eres bienvenida..