viernes 26 de marzo de 2010

La mirada

http://www.rufuswainwright.com/


Entró en la boca del metro, línea 1 , dirección atocha, mientras escuchaba a todo volumen a Rufus Wainwright en su Mp3.Andando por el andén entre la multitud le parecía que protagonizaba un vídeo-clip. Le gustaba Rufus, le hacía sentirse diferente.Al entrar al vagón abarrotado miró al suelo mientras buscaba un hueco cerca de la puerta menos colapsada.Sonaba ,maravillosa, "poses" y aquella voz aterciopelada le arrullaba con el vaivén de las vías. Sus ojos se posaban distraidamente sobre los rostros de los desconocidos que le rodeaban y luego sobre la negrura apresurada de las ventanas. De pronto un instante se hizo más largo de lo correcto. Sus ojos ,los de él y los de ella, chocaron,colisionaron al azar, sin premeditación.Ella se encontraba a una distancia más cercana de la que las normas aconsejan, cosas de la hora punta.Tenía los ojos color violeta turbio, agudos,eléctricos, intensos, immantados, imposibles de eludir...Fue tan solo una milésima de segundo, aquella mirada le atravesó como un relámpago de luz mientras la música le atronaba en el cráneo .

-60 años después, cuando ella le cogía la mano, y las imágenes se sucedían en su cerebro, al mismo ritmo que se apagaban sus neuronas haciendo destellos de recuerdos, aquella mirada y aquella melodía, guardadas en una recóndito lugar de su masa gris aparecieron como una ensoñación, y comprendió que nada es casual, que en aquel momento sin saberlo comenzó todo. Ella apareció en su vida mucho antes, apareció en aquel preciso y precioso instante,pero no lo recordó hasta ese último momento final. Luego ocurrió la vida, enamorarse, sentirse, amarse en la intimidad del matrimonio, los hijos, los nietos...Ella le sujeta la mano en el último haz de luz que cruza delante de sus ojos, antes de la oscuridad total , pero aún él, anciano y vencido por la enfermedad, le da tiempo a decir en un susurro, en un último respiro " eras tú, siempre estuviste ahí, siempre, por eso te reconocí si saberlo al verte, en el fondo de tus ojos estuvo siempre la respuesta. Gracias amada mía... Y se fue, sin hacer ruido,como había vivido.-

El tren se paró con un bufido y un brusco movimiento . Él volvió a mirar al suelo, luego afuera, hacia el cartel que anunciaba la estación -Antón Martín- y enseguida de nuevo buscó los ojos de la desconocida,pero ella se había dado media vuelta y se había bajado. Se entretetuvo unos segundos viéndola caminar por el andén, mientras se cerraban las puertas y se reanudaba la marcha. En sus oídos continuaba sonando la melodía, los compases de un piano dulce y triste. El tren entró en la oscuridad del tunel y ella desapareció de su vista.No volvió a verla nunca más, nunca fueron nada, nunca hubo una historia de amor, ni tuvieron hijos , ni nietos,...Se apagó la visión de golpe, como en las películas, con el último fotograma. Fundido en negro y The end.

"El tiempo no es lineal. Todas las posibilidades, todos los caminos, están pasando, a la vez, en alguna parte..."

lunes 15 de marzo de 2010

Amnesia en el parque

Running out of time by stoneth
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El síndrome de Korsakoff ( síndrome amnésico-confabulación) es una enfermedad mental producida por ausencia de tiamina (vitamina B1), causada frecuentemente por el alcoholismo y la desnutrición.Cursa con amnesia anterógrada, donde los nuevos acontecimientos no se guardan en la memoria a largo plazo.



No recuerda en que momento empezó a beber. Siempre había bebido. Desde adolescente , en las fiestas, en los encuentros en el parque con los amigos, en la universidad, las noches de sábado sin fin... Era algo divertido y habitual. La cosa se convirtió en algo realmente frecuente cuando lo dejó Beatriz. Entonces hizo lo que vulgarmente se conoce como" ahogar las penas en alcohol". Bebía al principio para olvidar , luego para soportar el dolor agudo de su pecho, luego por costumbre , hasta que al fin olvidó porqué bebía , quién era, de dónde venía y a dónde iba, y sobre todo consiguió olvidar el motivo de su miseria y su amargura. En esa época dejó de comer, punzantes dolores gástricos le impedían probar bocado y dejó de asearse y de ir al trabajo.Un día llegó a tal estado de embriaguez que alguien lo recogió, de madrugada, tirado en un portal, a punto de la hipotermia y en coma etílico.Lo ingresaron varios días en un hospital, nadie vino a verlo, la relación con su familia había sido siempre casi inexistente desde que su madre murió. Luego le dieron el alta y volvió a la calle, malvivió durmiendo en contenedores, comiendo sobras de los supermercados, y pidiendo monedas para comprar algún tetrabrick de vino barato con que volver a emborracharse..una vez más.
Un día agredió a un peatón que le pisó los cartones donde dormía y acabó en la comisaría.Al fin le vio una asistenta social que intentó averiguar quien era y si tenía a alguien que cuidara de él, pero ya lo había perdido y olvidado todo, y no hubo más que hacer que ingresarlo de nuevo, esta vez en el psiquiátrico de Saint Germain. Allí le restringieron de la libertad por un tiempo pero por lo menos se dio el baño que no se había dado en meses y tenía una cama caliente donde dormir. Para su desgracia duró solo un par de semanas, cuando la unidad de agudos consideró que podía reinsertarse a la sociedad, que simplemente tenía el Sd. de Korsakoff, una incapacidad para retener los acontecimientos recientes. Por eso siempre olvidaba donde había dormido la noche anterior, quienes eran los compañeros que lo ayudaron la tarde siguiente o porque se encontraba en una u otra calle tras vagar desconcertado horas enteras por la ciudad...
Así una mañana de marzo acabó con sus huesos en un parque, era pequeño pero acogedor,tenía una fuente en medio de la que podía beber agua, y unos arbustos bajos donde protegerse durante la noche. Decidió adoptar como campamento base un banco cara al sol donde pasar el día, y se aseguró que hubiera una tienda de alimentación de chinos no demasiado lejos para comprar vino .Allí se quedó durante meses.
El primer día que la vio llegar se quedó mirándola como una polilla que sigue a la luz...Aquella muchacha le recordaba a alguien, alguien que le removía ese hueco donde se hallaba su corazón, una sensación casi olvidada y remota.Se evocó en su cabeza una presencia familiar en cuanto la miró, pero no pudo precisar nada más. Esa tarde se entretuvo en observarla largo rato,no entendía a quien esperaba la chica, pero estaba claro que le habían dado plantón. Era rubia, pequeña y delgada, vestía un amplio abrigo negro y una pañuelo anudado al cuello. Estuvo sentada frente a él, en un banco, sin mirarlo, durante la casi media hora larga que permaneció allí , revolviéndose en el asiento, echando ojeadas al reloj y luego a los lados de la calle algo inquieta y enfadada .Él la miraba, la admiraba, extasiado,le parecía la mujer más hermosa , dulce y desamparada que había visto nunca. Allí sola, esperando a algún desagradecido que no apreciaba su espera, su desesperación, porque había una mirada líquida en sus ojos rojos que la delataban. Estaba triste y sola, casi como él.Se acercó entonces muy despacio, casi cojeando, no tenía nada que perder, era sólo un simple vagabundo:
-Hola ¿tienes una monedas?
Ella negó con la cabeza sin mirarlo.
Él se sentó a su lado, muy pegado al borde del banco, guardando una excesiva distancia , como para no asustarla.
-No estés triste, no vale la pena.
Ella se giró para mirarlo entre asustada y confusa.
-Perdón ¿como dice?
-Nada, nada..¿seguro que no tienes monedas?
-No,lo siento.
-Que ojos más bonitos tienes, son enormes , como el mar...
Ella no dijo nada, y volvió a mirar impaciente hacia la salida del parque, movió una rodilla como si tuviera un tic, de arriba abajo nerviosamente. De repente se levantó, pero no se fue.
-Eres preciosa, yo nunca hubiera hecho esperar a una chica como tú. Miento. La memoria a veces me traiciona ¿sabes?Sí que hice esperar a una chica como tu, guapa, inteligente, decidida,valiente, me quería,y yo a ella, me comporté como un niño consentido, la hice daño, no supe retenerla, yo era demasiado egoísta, un iluso que creía que se comería el mundo...y el mundo me comió a mi..me dio inmenso bocado..-se rió un poco y se calló. Permaneció así durante casi 5 minutos.
La chica se había vuelto a sentar en el banco abstraída en sus pensamientos, se frotaba las manos, jugueteba con una piedrecilla de la baldosa a sus pies, de vez en cuando cogía una ramita de romero del seto y la hacía pedacitos pequeños. De repente él le volvió a hablar.
-Hola ¿ tienes monedas?
-No, no, ya le he dicho que no tengo...
-Que ojos más bonitos, son enormes, como el mar... Eres preciosa, ¿que haces aquí tan sola?
Esta vez la chica se levantó, un poco asustada y se fue.
Él se tomó la botella de vino y se quedó dormido, poco después empezó a caer el frío de la noche.
Al día siguiente ella volvió a cruzar el parque y le vio tirado sobre los cartones con unas babas marrones en la comisura de los labios. Le observó desde más cerca, animada por la forma en que dormía a pleno ronquido. Era bastante guapo para ser un vagabundo, llevaba ropas de marca , sucias y descoloridas, pero de marca, los zapatos eran de piel, y sus manos aunque con las uñas negras y sucias eran finas y sin callos. Le resultó un vagabundo curioso, extrañamente turbador. Al volver a casa comenzó entonces a pasar siempre por el parque.
-Hola-se atrevió un día a decirle al cruzárselo más de cerca.
-Hola-dijo él con la boca abierta-¿tienes una monedas?
-Si, toma.
-Gracias rubia, que ojos más bonitos..son enormes, como el mar..¿te lo han dicho alguna vez?
Sí, se lo habían dicho muchas veces, todas y cada una de las que había pasado por aquel parque .Se lo decía él , siempre que la veía, como si fuera la primera vez , siempre con la misma profunda y sincera admiración, siempre como sorprendido, como si nunca la hubiera visto en su vida, y lo hacía con la misma emoción de alguien que se encuentra con una perla en el mar, con una pepita de oro en el río,con una gema maravillosa, única e irrepetible. Nunca, nunca más encontró a nadie con una capacidad de asombro como la del aquel individuo, nunca nadie alabó sus ojos con un tono más sincero y sentido que el de aquel vagabundo, el eterno sorprendido ante su belleza.
Siempre... siempre con el asombro de la primera vez.


"Buscad la belleza, es lo único que merece la pena en este asqueroso mundo"





Para B.
un final feliz...


domingo 14 de marzo de 2010

Cosas de la mente...

http://musasdesordenadas.blogspot.com/2010/01/musa-anonima-11.html

Se despertó sudando y con una extraño sentimiento, como cuando percibes el calor tibio de la tragedia. Cogió aire y se quedó tumbado un rato en la cama mirando al techo, intentando recordar.Una vez más se repetía aquel sueño,no era precisamente una pesadilla , pero siempre se levantaba con una incómoda sensación de caída y abismo.
Iba en el coche con Laura,aquel Mustang del 74 que su hermano recuperó de un desguace y que luego convirtió en una joya digna de exposición.Su carrocería rojo brillante , sus niquelados resplandecientes y su tapicería de skay blanco, imitando a la piel original.Era precioso!! En verano recordaba aquellos sillones pegados a la piel sudorosa de sus muslos mientras su hermano y él ,en pantalones cortos y camiseta,recorrían sin prisa el largo trayecto hasta la playa.Que tiempos aquellos!!
De nuevo intenta fijar su memoria en el sueño. Laura y él van por una carretera bordeada de encinas, es algo sinuosa y algunas curvas se cierran peligrosamente, pero ello no impide que vayan a una velocidad considerable. El día es luminoso y soleado. En el radio-cassette suena Billy Joel. Laura va con su sedosa cabellera negra al viento, lleva la ventanilla abierta y de vez en cuando saca la mano haciendo siluetas con el aire, como un pájaro que quisiera sobrevolar los árboles y el campo. De repente se gira para mirarme, me regala su hermoso rostro y sonríe entre la maraña de pelo que le cruza la cara.Luego dice algo gracioso, alguna tontería que me hace reír y apartar unos segundos la atención sobre la carretera, justo al entrar en la curva. Miro de nuevo hacia adelante y de pronto... sólo oscuridad, y entonces me despierto. Curioso sueño que se repite y se repite...Piensa.
-Mario, levántate anda- la escucha gritarle desde el baño-vamos a llegar tarde .
-Voy-dice arrastrando un poco las sílabas.Se incorpora despacio, sentándose al borde de la cama mientras observa el suelo, como buscando algo.
-Cariño ¿donde está mi otra zapatilla?-le grita.
Ella aparece entonces por la puerta y se queda mirándolo con los ojos desorbitados. Una mueca de tristeza le ensombrece el rostro.Él sigue hablando desde el suelo donde se ha tirado para mirar debajo de la cama.
-No la encuentro, debe haberla cogido de nuevo el perro, le voy a dar cuando lo pille...
Laura corre a levantarlo del suelo, lo sienta de nuevo en la cama, le abraza y comienza a sollozar.
-Ey, ey, preciosa...¿qué pasa? ¿qué pasa?..-le dice cogiéndola de los hombros y separándola un poco para encontrarse con sus ojos.
-Mario, cariño, en serio...no bromees con esto...
-¿Qué no bromee con qué? ¿Qué pasa?
-Mario ¿que zapatilla...? ¿Qué zapatilla buscas? Cariño, sólo necesitas una ¿no recuerdas?..-Hace una pausa ,un segundo infinito-..perdiste una pierna en el accidente...

domingo 7 de marzo de 2010

La abuela Alberta, la bruja

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LOS ORÍGENES

Alberta Facundo “la Bicha” era sobre todo un ser carcomido por el odio, corría por sus venas como una corriente turbia y vibrante, era la energía que activaba sus músculos, sus nervios, sus pulmones y envenenaba su miocardio. Todos sus movimientos se engendraban en ese pérfido sentimiento que nunca la abandonó allá donde fuere, era su señal, su estigma, y a la vez su salvación , la balsa a la que se agarraba para sobrevivir .Odiaba a su madre por haberla dejado sola en el mundo, odiaba al padre que nunca tuvo y que nunca conoció, odiaba a María Pérez por haberla condenado aquella perra y puta vida, y sobre todo se odiaba a sí misma, por no tener el valor de acabar con su repugnante existencia cuando aquellos pervertidos viejos, jóvenes, maduros y cientos de asquerosos hombres ensuciaban su piel con sus sudores, sus fluidos y sus lenguas saburrales . Sentía algo oscuro y maligno que le obligaba a perseguir un destino que no eligió y que escapaba a su voluntad, un destino malvado y diabólico que le instilaba una energía dominadora y brutal forzándola a vivir por los siglos de los siglos su condena de súcubo perverso .
Si la Bicha hubiese conocido sus orígenes, envueltos ahora en la bruma del olvido , tal vez comprendería que nada era casual, que nada ocurre al azar, que todo se conecta y deja su huella indeleble, hasta el fin de los días .
Su madre Rosa nunca le contó nada de la abuela Alberta, la gitana, la bruja, ese ser de viento y fuego, de cenizas y llamas, de lava y dinamita juntos en una mezcla imposible. Los rumores del pueblo la emparentaban con una estirpe de zíngaros y titiriteros que cruzaban la comarca con su fanfarria de espectáculos grotescos, sus cabras, sus enanos y su mujer barbuda. Al parecer de niña heredó una extraña mirada negra como la pez y su piel era tan sospechosamente bronceada y castaña que la gente comenzó a lanzar habladurías sobre la dudosa procedencia del padre. Se sabía que Inés , la madre de Alberta, le gustaba frecuentar las festejos de los gitanos, y alguien dijo incluso que la vieron cruzar el pueblo con la luna llena alumbrando sus pasos hacia el descampado la noche de aquel tórrido verano en que se desató aquella extraña tormenta eléctrica donde los truenos que se derrumbaban sobre el mundo se confundían con el ruidoso griterío proveniente del poblado calé que se prolongó toda la noche hasta el amanecer. Los más devotos y temerosos de Dios dijeron que aquel viernes trece, esos demonios húngaros celebraron una tremenda orgía en honor a Satanás, mientras todos los perros del pueblo aullaban atraídos por quien sabe qué profundo y visceral instinto de lobo . Se rumoreó durante un tiempo que Inés se enamoró de Raimundo “el flaco“, jefe del clan y hombre que además de por violento y cruel, era famoso en la comarca por su mañas de brujo y ocultista. Raimundo “el flaco” era feo y deforme, pero tenía un imán en los ojos imposible de eludir. Enfocaba su magnética mirada en mujeres inmensas y con pechos generosos y turgentes, casi siempre casadas con hombres flojos y pusilánimes. Nadie dijo nada cuando nueve meses después de aquella noche Inés trajo al mundo una niña con la piel agitanada y los ojos como el carbón, y su padre Juan “el cojo” tampoco. No hizo caso, o no quiso escuchar a las malas lenguas porque era hombre de bien y devoto de “la cofradía del cristo bondadoso“, y sobre todo amaba a su mujer de forma intensa y silenciosa por encima de todas las cosas, y aunque la niña a medida que crecía se parecía más a su oscura herencia que a él , nunca dejó de tenerle el más tierno, protector e incondicional cariño .
Así la abuela Alberta fue una niña feliz y desmelenada que pasaba las horas en el bosque recogiendo raras hierbas y las tardes hablando sola en sus inquietantes juegos de niña oscura. Al crecer pronto se hizo famosa por sus dotes adivinatorias echando las cartas y por fabricar pócimas y ungüentos para todas las dolencias. Practicaba el mal de ojo sólo en contadas ocasiones, porque era un sortilegio muy poderoso cuando salía de sus negras pupilas, cayendo de inmediato fulminado el indefenso humano al que hechizaba con su mal fario. De su abuela bruja heredó la Bicha su mirada ardiente y paralizante, capaz del embrujo certero y aniquilador del amor no correspondido, el cual se manifestaba en forma de febriles y apremiantes ganas, calenturas deshonrosas que atormentaban al embrujado durante el duermevela de la medianoche. En los hombres débiles de la carne este hechizo surtía especial efecto, y andaban luego corriendo a contarle al párroco bajo secreto de confesión que se les aparecía la bruja Alberta , como una terrible pesadilla, subida en un caballo negro con dos cabezas y que una jauría de extrañas criaturas con forma femenina ,con los senos al aire les violaba el sexo, cabalgando sobre ellos como indias salvajes hasta que despertaban temblorosos con un grito de horror, sudando el miedo de las llamas encendidas del infierno.
Muchos años después, y escondido en lo más recóndito de sus genes, la Bicha resucitaría ese encantamiento para utilizarlo sin compasión en las noches desenfrenadas de lujuria y excesos que se prolongaban en las habitaciones de sus burdeles de lujo repartidos por toda la ciudad.