jueves, 13 de agosto de 2015

LA ESPERA
















Aquel ser diminuto que golpeaba la lente desde el otro lado se afanaba desesperadamente en traspasar el espacio, justo por el único sitio por dónde el pulido cristal se lo impedía.
Muy cerca, a escasos centímetros, estaba la mano de Manuel que tosca y desesperadamente tamborileaba sobre la mesa ,donde había apoyado sus viejas gafas.
 No era extraño, incluso le daba un toque bucólico a aquel hotel apartado y rural, observar aquella perfecta y ordenada  fila de hormigas que recorría la mesa sobre el hule a cuadros.
-Hola Manuel-dijo una voz femenina.

Manuel se giró despacio, muy despacio, apurando el instante. Treinta años llevaba esperando a la dueña de aquella voz.


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