martes, 23 de febrero de 2010

La Bicha



Fotos: cortesía de Rosanna Walls de su álbum de Fabiola Pinheiro

"Soy una princesa, guerrera, campera
Oceánica, volcánica, eléctrica y mu suavecita
Que cuando quiero soy una gatita, y ronroneo

No subestimes a esta bicha
aunque tenga poca chicha en la cintura
Anda quítame la envoltura
y ya verás, ya verás…”

“La bicha” de BEBE en el disco “Y”


“La niña de fuego te llama la gente…y te están dejando que mueras de sed…ay niña de fuego…ay niña..”


La “Bicha” la llamaban, pero no siempre fue así. Alberta Facundo le puso de nombre su madre al nacer, y durante mucho tiempo fue Berta, "la niña del burdel". Berta nació en el” Burdel de las Cuatro Rosas”, con María Pérez, la Madame, como parturienta y tan pronto abrió los ojos la miró con una pupila tan negra y oscura que la mujer no tuvo más que santiguarse como buena supersticiosa que era, y devolverla con un escalofrío súbito pegado a la piel al regazo de su madre,la cual la agració de inmediato con el nombre de la abuela,su madre, la única mujer que le dio cariño en su vida. La madre de Berta se llamaba Rosa y era puta desde los 15 años, día en que su padre la vendió por 30 duros a María Pérez. Rosa era la más pequeña de trece hermanos y en aquel entonces la familia, presa de la dura posguerra, vivía en la más mísera de la miserias, enfermos de tifus y liendres. Su madre Alberta murió de tristeza y enferma sin volver a ver a la pequeña Rosa nunca más. Habiendo sufrido del hambre extrema pronto Rosa se adaptó a la vida del burdel, allí le daban comida caliente y cama, y el oficio lo aprendió de la manera más natural, bien porque nunca fue escrupulosa bien con la ayuda de la ginebra, la amiga más fiel y honesta que nunca tuvo.La única alegría que vivió en aquel lúgubre lugar y en su perra vida fue el nacimiento de su niñita Berta, y juró ante Dios, que aquella criatura nunca tendría el triste destino de su madre ,tendrían que pasar por encima de su cadáver.Así la niña Berta, la niña del burdel, creció amando a Rosa, su madre leona protectora, por encima de todas las cosas y dormía abrazada a su espalda cada mañana cuando regresaba oliendo a humo, alcohol y a colonia barata de hombre. Aquellos eran los únicos momentos de la vida de Berta que recordaba como felices. Por la noche permanecía despierta y con los ojos muy abiertos en la trastienda, donde la encerraban con los animales, y escondida para que nadie la viera intentaba dormir abrazada al chucho famélico de la Madame, aterrada y temblorosa mientras escuchaba al otro lado de la pared la algarabía del negocio más antiguo del mundo. Cuando Berta cumplió 13 años, su madre la cogió por los hombros y le habló con voz profunda y solemne, era una de aquellas raras veces que la veía sobria, por lo que Berta se asustó de verdad. –Hija-dijo-, tienes que irte, María quiere que empieces a trabajar para ella. Esta noche te irás con Pedro” el mudo”, ponte el vestido nuevo que te compré y coge este poco dinero, cuando llegues a la ciudad vas a casa de la tía, la dirección está escrita en este papel. Y nunca más vuelvas por este pueblo ¿me escuchas bien?,nunca más…-Aquellas fueron las últimas palabras que escuchó de su madre, porque aquella fatídica noche nada salió como estaba planeado. María Pérez se enteró de todo y apareció hecha una hidra en el dormitorio, con los ojos rojos de ira, y una vena inflada cruzándole el cuello. Rosa y María se enzarzaron en una pelea terrible y acabaron rodando por el suelo arrancándose los pelos, y María que era más corpulenta y más resabida, sacó una navaja debajo de su corsé y le rebanó el cuello a la madre de Berta mientras le gritaba- desagradecida de mierda- de un tajo seco y limpio, mientras Berta miraba la escena tan paralizada por el miedo que no pudo siquiera derramar una lágrima por el cuerpo de su madre que agonizaba y se desangraba a sus pies. Con el tiempo y a base de palizas , María consiguió domesticar lo suficiente a Berta hasta el día que la entregó a un viejo para que la desvirgara, no sin antes guardarse entre sus sudorosos senos, una importante cantidad de dinero y de obligarla a engullir media botella de vodka , para que no gritara ni armara jaleo.Y así fue como por encima del cadáver de su madre y a los 16 años, Berta ya no era" la niña del Burdel" sino que se convirtió en “la Bicha”, la puta más tosca, arisca y enigmática de aquel cutre antro. Se ganó aquel apelativo a pulso por su fiereza y una violencia impropia para una muchacha , tanto que la decían la endemoniada , la bruja , la poseída y cosas peores, en aquel pueblo y en sus alrededores. La primera vez que se agarró en una refriega con una compañera no dudó en arrancarle una oreja de un mordisco, y tuvieron que amarrarla a un palo de la trastienda hasta que acabó de berrear mientras mostraba como un perro rabioso los dientes y la boca ensangrentada. Su mirada era tan terrible y oscura, que pocos se atrevían a mirarla de frente, y cuando algún insensato osaba hacerlo pronto apartaba la vista intimidado por la visión de la furia horripilante reflejada en el fondo de su retina. Los ojos de la Bicha encerraban todo el fuego del mundo, la lava del infierno se materializaba en su pupila, y su negrura amilanaba a los más valientes y fulminaba a los más incautos. Su cuerpo enjuto y fibroso, su piel agitanada y su pelo negro azabache encrespado y enmarañado le daban un aspecto tan dantesco, que daba pavor sólo su proximidad. A pesar de eso era la puta más solicitada del burdel, porque en la cama la Bicha era inmensa e ilimitada, engullía a los hombres con un odio visceral y primitivo, un lenguaje brutal y carnal sólo propio de una princesa de las tinieblas,guerrera, volcánica, oceánica y eléctrica, que amaba y odiaba sin diferenciarse cuando hacía lo uno y cuando lo otro.Aquel ser extraño y sobrenatural provocaba miedo y fascinación en igual medida , y a pesar de ello, su belleza era tan magnética y poderosa que no había hombre en el pueblo que no quisiera yacer en su lecho. La Bicha comprendió pronto las reglas de aquel mundo vil y sórdido que ocurría al amparo de la noche, y supo que aquel pueblo se quedaba minúsculo para sus aspiraciones. Había visto venir a señoritos de la gran ciudad buscando sus favores, y pagar fortunas por pasar unas pocas horas con ella, y a pesar de que apenas sabía hablar y era analfabeta, se hizo con suficiente dinero y valor, para por fin enfrentarse a María Pérez . Una noche acudió a su dormitorio con una navaja escondida bajo la falda, y apoyando su afilado y frío metal sobre su cuello, le dijo que se iba, que no la siguiera ni fuera a buscarla con sus matones si no quería que la rebanara de un tajo como ella había hecho impunemente con su madre,le contó con palabras arrastradas por el odio y con la saliva escurriendo por la boca como un veneno, que si no la había matado antes era por no manchar sus manos con su asquerosa sangre y porque apreciaba demasiado su libertad como para acabar con sus huesos en la cárcel, pero que no le diera motivos, porque sin duda lo haría, tarde o temprano la degollaría y la descuartizaría como había soñado tantas veces hacer en la oscuridad de su cuarto. María Pérez casi se mea encima, y quedó tirada en el suelo con la mirada abatida de pánico y respirando como una moribunda, tal fue el susto que al poco recogió sus pocas pertenencias de Madame y la pequeña fortuna ganada en todos aquellos años y desapareció del pueblo para nunca volver. Así fue como la Bicha se largó a la gran ciudad, y se convirtió en el mito temido y deseado que luego fue.

Pero eso es otra historia…y será contada en otra ocasión…

domingo, 14 de febrero de 2010

Retrato de Nicolás

Tommy turns his mind to the sea by AnomalousNYC
http://www.flickr.com/photos/anomalous/115681037/

Es Nicolás un muchacho pequeño y menudo, algo famélico a sus 17 años. A pesar de eso no parece débil ni desvalido, su porte es atlético y fibroso, y eso que nunca practicó ningún deporte, posiblemente herencia de su bisabuelo materno, hombre de campo y agricultor. Camina Nicolás arrastrando un poco los pies pero erguido y orgulloso, siempre con la cabeza en alto,llenando bien el pecho, como bebiéndose el mundo, nunca en actitud engreída , pero tampoco humillando la mirada ante la magnitud de la vida que se le presenta enfrente. Su pelo claro, pero no rubio, corto, pero abundante y encrespado, termina en un flequillo rebelde sobre su frente. Enmarcando sus enormes ojos azul eléctrico se arquean dos pobladas cejas que acentuan la profundidad de su mirada. En el centro de su imberbe rostro de adolescente reina una poderosa y tallada nariz que le da a su perfil un aroma neo-romántico que hace suspirar a las niñas desde su más tierna infancia. Nicolás tiene una presencia poderosa y magnética. Su conversación hipnotizaba por esa cadencia en la voz que sugiere un aire místico , ya por las pocas veces que habla, ya por lo cuidado y pulcro de su lenguaje.Sus palabras siempre escasas, están inusualmente preñadas de significado para un chaval de su edad.En las contadas ocasiones que encuentra una razón para enfrascarse con vehemencia en una discusión, desarma con una contundencia limpia y sin acritud a su adversario con una argumentación tan bien presentada , que ennoblece las diferencias , y las elevaba hasta un punto en que no cabe más posibilidad que rendirse a la evidencia. Esas son sus armas secretas, la palabras, las dulces y siempre amigas palabras, las que le adornan las sienes mientras duerme, y le van susurrando en su cerebro todas las historias del mundo , repetidas por los siglos de los siglos en el Adn de sus neuronas humanas. Las leales , honestas y siempre fieles palabras, que luego él lanza al aire como flechas de letras, como un guerrero defendiéndose de lo vulgar, lo tópico y lo globalizador.
Nicolás vive obsesionado con crear, con diferenciarse, con trascender , aunque su aspecto tímido y reservado dice lo contrario, el rumia en lo más profundo de su ser un ensordecedor runrún creador que le taladraba la razón, hasta darle a su existencia un punto delirante .

miércoles, 3 de febrero de 2010

Speed and city lights


Bajó las escaleras corriendo. Cuando llegó al rellano del portal y abrió la puerta de golpe le costaba respirar.Llevaba la camisa desabrochada y la corbata en la mano. Sintió el bochorno que subía del asfalto a pesar de ser las 3 de la madrugada. Aunque la ciudad dormía se escuchaba ese incesante zumbido sordo resonando de las entrañas de la urbe. Bajó la calle ahora despacio, haciendo sonar sus pasos sobre el empedrado. Al llegar hasta su coche acarició la carrocería metalizada con la punta de los dedos antes de abrir la puerta y subirse. Allí sentado frente al volante sonreía y saboreaba su perfume aún impregnado en su cara, en su pecho, en el cuello de su camisa...Encendió el motor y apoyó la palma de su mano en la palanca de cambios. Se puso en marcha mientras recordaba uno a uno los detalles de aquella increíble noche.
-Perdona-le había dicho ella apoyando su mano sobre su hombro-tú debes ser Edgar Neville ¿no?
-El mismo-contestó él tras sentir el chispazo de su contacto.Se giró lentamente hasta encontrarse con su mirada.Sus inmensos ojos negros lo petrificaron al instante y allí se quedó con la copa en la mano sin saber que decir.
A su lado estaba Don Antonio Ibañez, director ejecutivo de su empresa.
-Sí cariño-dijo-perdona que no os haya presentado. Edgar esta es mi esposa Martina, le he hablado mucho de ti .
A partir de ahí no se separaron en toda la noche. Don Antonio parecía encantado de que alguien le diera conversación a su mujer y él, sobra decirlo, estaba doblemente encantado. Había soñado con ese momento desde la primera vez que la vio de lejos aparecer por la oficina. Sólo cruzaron sus miradas un segundo, pero fue suficiente para que le flaquearan las piernas.
-¿Has venido en coche?-le dijo ella apartándolo a un lado.
-Sí claro-respondió él.
-Vámonos ahora, espérame en el Hall en cinco minutos.
Lo siguiente que ocurrió pasó tan rápido que todavía sentía el corazón saltándole en el pecho. En 15 minutos se encontraban en el dormitorio de un pequeño ático que ella tenía en el centro.
Ahora, conduciendo a toda velocidad Castellana abajo, recordaba su voz entrecortada pronunciando su nombre en su oído y un escalofrío recorría su espina dorsal. Veía pasar las luces de la ciudad cruzando rápidas como luciérnagas a su lado y le invadía una sensación de poder. Aquel espacio y aquel momento le pertenecían , como aquella ciudad. Aceleró un poco más al pasar por delante de la Cibeles y miró de reojo "La Victoria Alada" sobre el edificio Metrópolis. Adoraba aquel edificio, le traía suerte, y cada vez que pasaba por allí le hacía un guiño. La música sonaba a todo volumen dentro el habitáculo del vehículo y resonaban con ella todos los poros de su piel.
No vió las luces azules que parpadeaban en el retrovisor hasta pasado la glorieta de Neptuno. Antes de que pudiera reaccionar tenía a dos motos de la policía haciéndole señas para que parara.
-Documentación por favor, y baje inmediatamente del coche.
Edgar se entretuvo un momento mientras buscaba los papeles en la guantera . Bajó despacio, todavía con la camisa desabrochada.Durante un segundo su magnífico y atlético torso relució bajo las luces de neón.
-¿Porque sonríe caballero?¿ le hace gracia bajar a casi 120km por hora por una vía urbana?
Edgar no respondió, se limitó a abrocharse lentamente los botones de su camisa, al llegar al cuello, aproximó la tela a su nariz y aspiró su aroma una vez más. Luego miró al agente de policía y volvió a sonreír.