jueves, 21 de julio de 2016

EL ALEPH DE BORGES O EL INCONCEBIBLE UNIVERSO



                                                                   


"Fácilmente aceptamos la realidad, acaso porque intuimos que nada es real."



"Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de América, vi una plateada telaraña en el centro de una negra pirámide, vi un laberinto roto (era Londres), vi interminables ojos inmediatos escrutándose en mí como en un espejo, vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó, vi en un traspatio de la calle Soler las mismas baldosas que hace treinta años vi en el zaguán de una casa en Fray Bentos, vi racimos, nieve, tabaco, vetas de metal, vapor de agua, vi convexos desiertos ecuatoriales y cada uno de sus granos de arena, vi en Inverness a una mujer que no olvidaré, vi la violenta cabellera, el altivo cuerpo, vi un cáncer en el pecho, vi un círculo de tierra seca en una vereda, donde antes hubo un árbol, vi una quinta de Adrogué, un ejemplar de la primera versión inglesa de Plinio, la de Philemon Holland, vi a un tiempo cada letra de cada página (de chico, yo solía maravillarme de que las letras de un volumen cerrado no se mezclaran y perdieran en el decurso de la noche), vi la noche y el día contemporáneo, vi un poniente en Querétaro que parecía reflejar el color de una rosa en Bengala, vi mi dormitorio sin nadie, vi en un gabinete de Alkmaar un globo terráqueo entre dos espejos que lo multiplican sin fin, vi caballos de crin arremolinada, en una playa del Mar Caspio en el alba, vi la delicada osatura de una mano, vi a los sobrevivientes de una batalla, enviando tarjetas postales, vi en un escaparate de Mirzapur una baraja española,vi las sombras oblicuas de unos helechos en el suelo de un invernáculo, vi tigres, émbolos, bisontes, marejadas y ejércitos, vi todas las hormigas que hay en la tierra, vi un astrolabio persa, vi en un cajón del escritorio (y la letra me hizo temblar) cartas obscenas, increíbles, precisas (...) vi la circulación de mi oscura sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo. "

-Jorge Luis Borges, El Aleph.-

jueves, 5 de noviembre de 2015

LA MIRADA LÍQUIDA



Sube al coche como cada mañana y cierra la puerta de golpe.Sentada en el espacio cálido que le ofrece el auto se siente protegida, respira profundo, se mira al espejo y se peina un poco el flequillo con los dedos, luego pone la música. Tiene la mirada cansada de sueño y los ojos líquidos de mirar al infinito. Mientras, el día despunta con una luz húmeda y resbaladiza.
“El destino no existe -le dijo."
El destino no existe pero tú y yo no hacemos mas que cruzarnos ,chocar ,derrapar ..en esta carrera sin sentido que llamamos vida.”

Permanece quieta ,muy quieta, agarrada al volante cual salvavidas,como hipnotizada por la luz roja del semáforo.Le gusta ese momento del trayecto hacia el trabajo, porque así huye del silencio que la abofetea y la golpea el alma cada hora que vive a solas en su piso, ese piso que heredó de la abuela, con su olor a casa vacía, a humedad, a legiones de ácaros y que a pesar de sus arreglos y sus muebles nuevos, nunca desapareció.No soporta el silencio porque se escucha por dentro con una voz que no es la suya, y que sin darse cuenta, le dice cosas despiadadas, le dice que es inútil insistir, que todo es surrealista , que nada encaja..Por eso sube mucho el volumen de la música dentro de su coche como si subiera a su vez el ruido de dentro de su cabeza, para no oírse más, para oírse menos.
La sobresalta el pitido rabioso de una bocina a su espalda.En esta ciudad enloquecida por la prisa no nos perdonan un segundo de indecisión y como respuesta pisa el acelerador con rabia .Cruzando la Gran Vía se siente invadida por un desamparo cósmico. Las caras dormidas de los transeúntes son como sombras que bostezan juntas, los carteles de los teatros a los que ya nunca va, ese caos de tráfico, le reconforta por lo familiar, la  triste y repetitiva rutina le amortigua el dolor.
Afuera, el cielo parece dilatarse y comienza a llover. Llevando la contraria baja la ventanilla para que el olor a mojado le enturbie el pensamiento. Todo parece temblar en cuanto las gotas de lluvia se adueñan de la luna delantera , pero no le impide circular, a posta tarda en activar el limpiaparabrisas, como si quisiera que el coche llorara lo que ella ya no puede y que así los recuerdos fueran arrastrados por el desagüe del hueco de alguna alcantarilla.Por unos instantes el espacio,las calles,los edificios...se derriten con el sonido del agua.
Ya enfila la arteria de asfalto que la expulsa de la ciudad, y  es entonces cuando siente un zarpazo de sol en los ojos. Todavía el telón del negro plomizo que habita entre los edificios no ha ganado la batalla al tímido sol de la mañana y pronto el arcoíris la recibirá en su huida .
“Madura Irene-le dijo- tienes ya 41 años, no puedes seguir creyendo en los mismos cuentos que cuando tenías 15 “ Y se quedó ahí, mirándole sin poder contestar, porque se le llenó la boca de un regusto amargo a moho ,que no la dejó decir nada.
Siguen esas palabras resonando en sus oídos como una taladradora. Lo ultimo que le escuchó antes de darse la vuelta y escapar con grandes zancadas . Por el espejo retrovisor lo vio alejarse hacia el portal de su casa mientras se hacía pequeño, lo veía empequeñecerse, como se ve encoger a la gente que se queda en la orilla cuando zarpa un barco. Y supo que era la última vez que le vería. Lo supo porque fue un acto consciente, una proposición firme y robusta. De eso hace ya más de 4 meses.

martes, 3 de noviembre de 2015

EL REENCUENTRO


Carmen llegó una mañana de Enero. 
Era una de esas gélidas mañanas del invierno madrileño con su cielo alto y despejado.El sol asomaba por el horizonte de edificios y antenas,luminoso,redondo,incandescente, resplandeciente como un sol de verano si no fuera por los pocos grados de temperatura con que amanecía aquel día.
Él la esperaba impaciente en una cafetería con grandes ventanales a la calle Fuencarral.
No recuerda cómo la vio entrar, no recuerda apenas lo que tomaron ni de que hablaron ,sólo que no podían dejar de mirarse. 
Se miraban,como dos niños risueños ,de arriba abajo , y cuando se chocaban con los ojos se entretenían un momento, como sí necesitarán reconocerse una vez más.
Paseaban,mientras conversaban, la mirada por sus rostros tan conocidos,tan rememorados durante años en la memoria, y ahora, esos mismos rostros, iguales pero distintos, cambiados por el paso del tiempo, cargando a la vista  con la misma sensación , la misma cercanía,la misma familiaridad, la misma ternura .
Disfrutaban con cierta timidez aquella insustancial conversación. Pequeños detalles sobre la familia,sobre los amigos en común,sobre el trabajo..Era difícil ponerse al día , se atropellaban en un remolino de preguntas, de respuestas, saltando de tema de aquí y de allá. Una conversación como las de antes, llena de silencios, de pequeños gestos, de risas contenidas, esas risas tontas que  se te ponen en la boca con la alegría del reencuentro.
Apuran sus cafés, todo es tan conocido y cotidiano que él ,de la forma más natural y sin pensárselo ,le pregunta sí quiere subir a su casa. Y ella dice que sí, que claro que sí.
Carmen ya había estado muchas veces en aquel apartamento ¡hacía tantos años de eso! pero seguía casi todo igual . Era un sexto sin ascensor, con grandes balcones a la Glorieta de Bilbao, sus techos altos de vigas vistas, su piso de madera crujiente con su olor  a antiguo, a vetusto.El salón, acogedor y luminoso, se transformaba al ritmo de los caprichosos rayos del sol,en una estancia mágica,con miles de destellos dorados bañando los muebles, las paredes, las figuritas , los libros..todos sus libros.
Nada más cerrar la puerta se quitan despacio los abrigos y no hablan. Se quedan un momento observándose a cierta distancia. Luego empiezan a acercarse despacio, hasta que simplemente se abrazan.
-¿Es esto lo que necesitabas? - le susurra ella al oído , mientras  se aprieta un poco más  a su abrazo y apoya la cabeza en su hombro.
Entonces él lanza un leve suspiro y también la abraza un poco más fuerte, mientras acaricia su pelo y su cuello.
-Si, te he echado tanto de menos.
Y así se quedan , plantados como una figura única en medio del salón , la respiración acompasada, el tibió calor del otro, el olor del otro, ese contacto tanto tiempo añorado.
Y se abandonan un poco, se entregan otro poco, a la ternura, al dolor de la excesiva ternura, mientras el tiempo se congela y queda suspendido a su alrededor en un gesto cómplice.



"El amor es algo así como volver a casa después de un largo, largo viaje"
Piper .OTNB

domingo, 27 de septiembre de 2015

(( i ))




Busca el placer -dijiste -y cúrate de mi
Me mordiste el corazón
me lo arrancaste
sigo sangrando.
Soy un zombie con un hueco en el pecho,
un monstruo...
Un monstruoso velero-engendro a la deriva,
con el mar de fondo y la tormenta que acecha,
¿Me ves desde ahí arriba en lo alto del acantilado?
Enciéndete entonces ,
dale luz
Ilumíname
o naufragaré ..


quizás con suerte logre ahogarme..

martes, 25 de agosto de 2015

LA PAREJA TÓXICA


Corro hacia el bar donde hemos quedado , llego tarde. He estado toda la mañana como un loco intentando acabar antes en la imprenta, dejarlo todo atado antes del almuerzo para poder comer juntos. Como siempre un imprevisto, un capricho de ultima hora de mi jefe, un último retoque  y aquí estoy, llegando tarde de nuevo.
Acelero el paso, sé que ella estará enfadada cuando llegue. -Otra vez tarde –dirá.
Siempre pasando factura por cada hora, por cada minuto de más que paso en la oficina y no con ella. Esa guerra sorda por mi tiempo, ese que no estoy con ella.
Lo tengo asumido, lo se, es muy celosa  y yo la excuso. No se lo puedo reprochar, es mi culpa, siempre ha sido así, un poco celosa, un poco desconfiada ,un poco posesiva.
Al principio eso me gustaba, si ,tal vez me gustaba, me gustaba mucho que me celara, que no pudiera vivir sin mí, que contara las horas para verme.
Pero ahora , ahora la situación se está haciendo insostenible, me ahoga , no me deja respira, tener que estar justificándome continuamente, haciendo una prueba de amor en cada gesto, en cada explicación.
Para ella nunca es suficiente, nunca son suficientes los “te quieros”, no le basta, quiere más, quiere mi rendición, quiere mi total y absoluta sumisión.
Le pertenezco hasta en el más mínimo de mis íntimos pensamientos. A veces me sorprende ensimismado, simplemente estoy ahí tumbado, mirando el techo o paseando la mirada hacia el infinito, me dejo llevar , solo eso. Y ella, a mi lado,  ahí está de nuevo, mirándome, su pupila se me clava como un dardo -¿que piensas? –me dice.
Recuerdo cuando me divertía contestarle cualquier tontería -¿en que voy a pensar? en ti mi amor, en nosotros -nos reíamos, le exageraba los “te quiero", los “te adoro” “hasta el infinito y más allá “decía. Tontas y almibaradas cantinelas de enamorados. Pero ahora, ahora es diferente, ya no se qué decirle, nada le basta. Me angustia, me desequilibra, soy un equilibrista precario que se tambalea en la cuerda, esa cuerda que se tensa y destensa  entre la angustia de su presencia y a la vez  de su ausencia.
La quiero, eso seguro, la deseo, la necesito, no puedo vivir sin ella. Pero a su lado me siento pequeño, minúsculo, sólo soy algo  y recobro la dignidad si tengo su aprobación. Sólo entonces.
Esta tarde la he notado especialmente crispada al teléfono, me pedía insistentemente que saliera antes, que era importante.
Llevo un nudo en la garganta, reflexiono que ha podido pasar, repaso mis últimas horas en el trabajo, la tarde de ayer, algo que dije, alguna cosa inoportuna, algo que hubiera pasado esta mañana, algún cambio que ella haya notado y yo, despistado, pasara por alto. No sé, he estado toda la mañana en la imprenta, no me he movido de allí. No entendía su tono amenazador. Mi móvil, no ha podido ser eso, lo he tenido encima todo el tiempo. Últimamente está  obsesiona con mi móvil, cada mensaje que llega, cada llamada la sobresalta, me supervisa mientras lo uso, me mira de reojo y lanza encendidas indirectas si lo miro en la sobremesa más tiempo del que ella considera necesario -estás enganchado a ese trasto -me dice. Sospecho que lee mis mensajes, que mira mis llamadas pero no quiero saberlo. No quiero saberlo.

 Ya llego, respiro angustiado, la veo de lejos, ahí sentada en nuestra mesa de siempre, es tan guapa, tan sexy, me aprieta una garra el pecho.
 Me muero por abrazarla, por besarla en el cuello mientras la huelo, una vez más, como tantas veces y no me canso nunca de su olor, de su sabor. Me muero por  estar con ella, por dormir con ella, por despertarme abrazado a su cuerpo.
-Hola, mi amor -digo mientras me quito el abrigo-¿qué tal?.
Ella me mira , sus ojos están tristes, pero su gesto es agrio, distante. Me besa en la mejilla con desgana y me aparta cuando intento abrazarla. Me tenso un poco más, trago un poco para sobrellevar el nudo en la garganta.

 No pasa nada me digo, ha tenido un mal día en el trabajo, haré lo de siempre, le diré muchas veces que la quiero, lo mucho que la quiero, lo feliz que me hace, lo que la necesito, lo especial que ella es para mí por encima de todas las mujeres que he tenido nunca. Sí, eso haré, luego, cuando esté más tranquila, la abrazaré de nuevo, apoyaré mi nariz en su cuello y le susurraré cuanto la quiero. Así sentirá lo que yo siento, este calor en el pecho, este que siento yo, no tendrá dudas cuando me mire a los ojos, estos ojos de tonto enamorado. Será fácil, sí, será fácil .Todo saldrá bien, ella  me quiere,  yo sé que me quiere, lo sé, y me perdonará, me perdonará una vez más .

jueves, 13 de agosto de 2015

LA ESPERA
















Aquel ser diminuto que golpeaba la lente desde el otro lado se afanaba desesperadamente en traspasar el espacio, justo por el único sitio por dónde el pulido cristal se lo impedía.
Muy cerca, a escasos centímetros, estaba la mano de Manuel que tosca y desesperadamente tamborileaba sobre la mesa ,donde había apoyado sus viejas gafas.
 No era extraño, incluso le daba un toque bucólico a aquel hotel apartado y rural, observar aquella perfecta y ordenada  fila de hormigas que recorría la mesa sobre el hule a cuadros.
-Hola Manuel-dijo una voz femenina.

Manuel se giró despacio, muy despacio, apurando el instante. Treinta años llevaba esperando a la dueña de aquella voz.


sábado, 1 de agosto de 2015

Sólo el amor puede doler así.

"Cómo decir que me partes en mil
Las esquinitas de mis huesos"
Bebe



-Se ha acabado, necesito desconectar. “Reseterar”, como lo llamas tú.
-¿Me vas a borrar.. así ,sin más?
-Tampoco va a ser fácil para mí , pero es lo mejor.
-porqué? Qué sentido ha tenido?..no lo entiendo.
-No ha tenido sentido, nada lo tiene, no busques un porqué.
-No paro de hacerlo..
-Pues para..
-No puedo, no puedo, no podré con esto..
-Tranquila, claro que puedes..
-No puedo, no puedo vivir sin ti ¡joder, no me obligues a decir estas cosas! no puedes salir así de mi vida...Seamos amigos, por favor..
-No podemos ser amigos, y lo sabes…
-Intentémoslo.
-No.
Silencio. Silencio. Más silencio.
-Me has roto... me rompes ¿no lo ves?
Silencio.
-Lo siento, cuídate mucho ¿si?
Silencio. Silencio. Más silencio.

Hasta que silencio se convierte en el pitido de fin de llamada. La pantalla permanece encendida un instante, luego se apaga y ella se sienta al borde de la cama. Por un momento no se mueve, una estatua inerte, una foto congelada, apenas un parpadeo. 
Permanece así largo rato. Mirando el suelo. Se encoge a medida que caen, como una lluvia de verano, grandes goterones, una gota, otra enorme moja la pantalla, otra cae y cala ahora su vestido, gotas saladas sobre el parquet.  Apoya esa cabeza que se vacía sobre la palma de su mano, todo el peso de su cerebro aplastado, que cruje, que se resquebraja, literalmente suena cada hueso quebrándose, rompiéndose en mil pedazos, una  intensa punzada de dolor que la atraviesa como una lanza. 
No puede respirar, no puedo respirar piensa, pero sí que puede,ojalá no pudiera, ojalá dejara de hacerlo , pero no, respira, ahogadamente, a bocanadas, boquea, agoniza como un pez fuera del agua.
Se pone en pié , camina por la habitación mientras repite "calma, calma, calma"… Ahora su mano está apoyada en su pecho, los latidos se oyen por toda la habitación , toda la habitación retumba, gira todo a su alrededor a punto de detonar, a  punto de estallar, y estalla, de hecho han desaparecido las paredes, el suelo , el techo.. y cae , va cayendo al abismo, girando en barrena. 
Girando, girando, girando. 
Pierde el control,descontrola, solo piensa en llegar abajo, más abajo, abajo le espera la ciénaga. La cálida y dulce ciénaga del fondo, que la abrace con su aliento de lodo. Así debe de ser morir, como si morirse fuera tan fácil. Morir. Descansar. Y que deje de doler . Que duela menos, mucho menos. 



"Vendrá la muerte y tendrá tus ojos"
César Pavese  

  


viernes, 25 de noviembre de 2011

LA CASA Y EL ÁRBOL

Bloody tree by WizzO the Green Cat/ Xavi Serrat
Atardece . El rojo se derrama sobre los campos y le da a la casa y a el árbol un rutilante color encarnado. Manuel se ha parado un instante en un escollo del camino .En un gesto lento saca un pulcro pañuelo del bolsillo de su adusto traje negro y se seca las nimias gotas de sudor que surcan su frente. Allí quieto , se alegra de sentir ese súbito silencio cayendo sobre sus hombros como un velo.Todo está quieto,en calma,ni una mínima brisa, congelado el paisaje como en una fotografía, solo alterado por el runrún de las cigalas , los grillos y el zumbido de algún insecto cruzando raudo por su oído.Presencia la escena desde lejos, el caserón de su infancia y el árbol, guardián de secretos, mentiras, amoríos y refriegas fraternales repletas de los celos y las competencias por los primeros besos imberbes de la adolescencia .

Aquel maravilloso árbol, observador y testigo, erguido contra los elementos, hermoso por su entereza, sólido, vigoroso, inmenso protagonista de la vida de los endebles humanos que correteaban entre sus raíces.Su tronco rugoso , áspero y grosero,fué durante décadas apoyo de los recreos de los niños,de sus escondites, de los numerosos corazones labrados en su madera. El mismo árbol protector y refugio, que atrapaba la brisa fresca del verano y la convertía en la sombra apacible que te acunaba en la siesta.

Manuel retoma sus pasos, lentos y cortos, pasos de octogenario, y con cada golpe de gravilla en la suela de sus zapatos se arremolinan en su cabeza los recuerdos de su dulce infancia. Recuerda a su madre peinándolo para ir al colegio, a su padre sujetándole por los hombros mientras le habla del abuelo, a su hermano Luis antes de marcharse a la guerra, sonriendo mientras mordisqueaba una ramita de olivo, con aquella sonrisa de medio lado tan suya, recuerda sobre todo a Rosa, frágil y pequeña, mirándolo con sus hermosos y enormes ojos negros, desproporcionados en aquella carita tan pequeña. Rosa, su recuerdo más mimado, más profundo e intenso, lo guarda en la cajita de su corazón cansado, y lo tantea con sus arrugados y torcidos dedos de abuelo como quien acaricia una talismán, buscando el sortilegio , el encantamiento que le devuelva su presencia, su cálido cuerpo, su pelo, sus manos, su risa como el agua, todos aquellos primeros besos que se dieron con el permiso del árbol, y los últimos que les negaron en aquella fría y aséptica habitación de hospital.

Ya llegó Manuel al pie de la casa y el árbol, se sienta en el banco de piedra que aún sigue allí indemne al tiempo, y observa sin prisa todo lo lejos que le permite la presbicia alojada en el azul de sus ojos. Y ahí se queda, respirando despacio, al abrigo de ese ronroneo cálido de su memoria.

sábado, 1 de octubre de 2011

Madrid 2063

Sierra de Madrid, 25.09.2063
23.35h

Ismael acarició la portada del libro un momento antes de abrirlo. Era un libro pequeño y amarillento, las tapas eran de un cartón blando barato castigado por el paso del tiempo, en la portada descansaba una lánguida dama arropada en una sábana blanca con actitud de desmayada entrega. Tenía una larga cabellera rojiza cayendo a lo largo del borde de la cama y en su mano izquierda colgaba casi temblando una rosa blanca que amenazaba con caer. Absorto se preguntaba que maravillosos secretos escondería aquella sugerente imagen y aquel sugerente título, "El perfume". Lo había encontrado en el garaje de la casa de la abuela unos días atrás y lo había escondido debajo del colchón, luego con desesperada impaciencia había tenido que esperar hasta aquel momento a solas para por fin leerlo. En aquellos días un libro era un objeto raro y valioso, una pequeña joya antigua que escaseaba como una pepita de oro en un ruidoso arroyo.
Después del primer gran Tsunami, cuando la isla de La Palma se desquebrajó con un inmenso estruendo provocando una gigantesca ola que destrozó las costas Americanas y engulló las islas Canarias se encadenaron una serie de desastres que llevaron a la humanidad al borde del colapso. Murieron cientos de miles de personas de todos las razas y continentes, la población total quedó mermada en casi un tercio y grandes ciudades de las costas quedaron destruidas para siempre. Luego vinieron las pequeñas tormentas solares, extraños erupciones del sol que alteraban el campo electromagnético del planeta y dañaban los sistemas de satélites y comunicaciones, paralizando el mundo en un instante y desencadenando el caos.Las primeras tormentas fueron pequeñas y sin repercusiones realmente importantes, pero en el año 2057 se produjo la gran tormenta solar que apagó el mundo por completo y ya nada volvió a ser como antes. Se colapsó el sistema financiero, desaparecieron las transacciones económicas, se volatizaron todos los sistemas importantes que se habían ido digitalizando para así ir desterrando los documentos en papel los cuales habían quedado obsoletos hacía años, también el dinero, los billetes y monedas habían desaparecido y la mayoría , por no decir todos los documentos impresos habían ido dejando paso a un sofisticado sistema de documentos digitales, mucho más seguros y prácticos. Aquello supuso que los estados perdieron la información de los ciudadanos, los documentos de identificación, las nóminas, las consultas de hacienda, tu historial médico, hasta las fotos, todos las imágenes estaban en formato digital, nadie ya imprimía sus recuerdos. Las obras de arte habían dejado de venderse en formato físico ya que se pusieron de moda las holografías, los CDS eran incómodos y la música se escuchaba directamente desde la red desde hacía décadas. Así fue como en un instante todo se perdió, desapareció, se volatizó.
Como las ciudades eran inmensos consumidores de energía eléctrica se convirtieron en descomunales moles inhóspitas donde era insostenible vivir. Sin energía no podías cocinar, no funcionaba el agua caliente, la luz, el teléfono... Al principio el caos fue insostenible, la gente se echó a al calle aturdida, sin saber que hacer, luego en pequeños grupos empezaron a partir en peregrinación a los campos, aldeas, pueblos, allí donde hubiera un río y algo de pasto. Hubo que volver a aprender a lavar la ropa en el río, a lavarse por partes con agua fría, a cocinar con leña en una chimenea con la cual también te calentabas en invierno, a cultivar los alimentos en tu propia huerta y a usar el trueque para obtener ropa o herramientas. El mundo volvió casi a la edad media, la historia que quedaba, la que se conservó, las bibliotecas que se salvaron y los libros que quedaron estaban en manos de unos pocos privilegiados.
Su abuela solía contarle como era el mundo antes de aquello, ella había sido una mujer fuerte y valiente, trabajó de médico ayudando en las grandes catástrofes de los terremotos y los tsunamis, ofreció su casa de refugio a todo aquel que lo necesitó y compartió sus tierras su huerto y sus animales que poseía desde hacía años. En cambio, por alguna razón su verdadero gran tesoro, sus libros, nunca los compartió hasta ahora, los enterró en un agujero en el garaje y ese escondrijo le fue desvelado solo a él antes de su muerte. Recordaba a su abuela como un ser mágico y magnético, contándole increíbles historias de aquel maravilloso archipiélago donde había nacido y donde comenzó todo, donde comenzó el principio del fin del mundo conocido. Un sitio irreal y paradisíaco, con playas inmensas y barrancos que te hundían y elevaban en pocos cientos de metros. Había nacido poco después de la erupción del primer volcán del sur de la isla, le llamaban el Teneguía y corría el año 1971, un volcán pequeño y sin víctimas que fue centro de atención de turistas durante muchos años. Nadie imaginaba que aquella misma isla, la isla bonita, se desmoronaría en el mar y provocaría la más terrible catástrofe natural jamás recordada. Era una isla alta hasta el cielo, que acariciaba las nubes desde sus cumbres. Su abuela le contaba como de niña subían hasta lo mas alto de sus picos en una carretera de curvas imposibles y borrachos del viaje y de la falta de oxígeno sentían lo cerca que estaban de la cima del mundo, sobre un maravilloso mar de nubes. Ismael a veces dudaba de si aquello eran simples desvaríos de la memoria marchita de su abuela o lo habría vivido de verdad, el caso es que lo contaba con tanta pasión, con tanta entrega e impregnando sus palabras siempre con aquel dulce acento , suave y arrastrado, que nunca perdió y que le daba una extraña veracidad a sus historias, y quizás si, quizás fuera de aquellas islas, pero hacía ya tanto, tanto tiempo de eso.

Después de la última tormenta solar el planeta volvió a serenarse, el cielo amanecía cada mañana límpido y claro, el azul del cielo era de una intensidad desconocida, el agua volvió a ser transparente y el aire entraba en los pulmones puro y oxigenado como nunca. Las enfermedades eran raras, desapareció el cáncer, las infecciones se curaban con hierbas y cataplasmas y las gentes volvieron a mirarse a los ojos.
Ismael había nacido y crecido feliz en pueblo cercano a la casa de la abuela que era rico en ganado y pastos, nunca pasaron necesidades, los niños colaboraban con los trabajos diarios de recoger leña, limpiar, trabajar en el campo, pero también iban a la escuela y leían clásicos libros de historia, uno o dos por cada curso y siempre bajo la estricta supervisión del maestro.
Los libros eran objetos escasos y por tanto valiosísimos. Cualquier documento escrito que se encontrara debía ser comunicado al estado y depositado en el archivo central para así clasificarlo oficialmente el la biblioteca estatal, que en principio estaba diseñada para concentrar todo el saber del mundo y así devolver las gentes su identidad y su historia.
La abuela había guardado durante sus años de estudiante todo tipo de libros, había libros de historia, medicina, ensayo, novelas maravillosas con sus portadas en piel. Y ahora todos aquellos libros eran suyos, pensaba Ismael mientras que sostenía aquel primer libro en sus manos.Palpitando de emoción sentía vértigo al pensar que haría ahora con ellos y porque su abuela lo habría mantenido en secreto durante tanto tiempo, dejándole a él ese legado. Si su padre se enterara de aquello se pondría furioso. Su padre era consejero del alcalde y uno de los mayores archiveros de documentos de la región. Todo ciudadano adulto o niño conocía la importancia de la palabra escrita y de su poder para cambiar el mundo, así que todo libro o documento debía ser llevado al Interpretador, una figura fundamental en las pequeñas aldeas que eran los núcleos actuales del nuevo orden mundial. El Interpretador leía y releía el libro e interpretaba el mensaje, luego dejaba el libro a disposición de los maestros para que los utilizaran en sus enseñanzas, pero nunca con una interpretación propia, sino de siguiendo una estricta estructura que no permitía mas interpretación que la establecida, así debía de ser, y así se formaban los nuevos hombres y mujeres de la nueva sociedad mundial.
No sabía Ismael que aquel día comenzaba el principio de la libertad, aquel día que comenzó a pasear sus ojos por aquellas deliciosas frases,solo, sin interpretador ni maestro, sólo él en la intimidad de la noche, subyugado a la maravillosa historia del asesino del perfume, aquella novela aterradora e inexplicable, con tantos matices , donde Ismael comenzó a sus trece años a soñar con otra forma de pensar. En la metáfora del los aromas encontró el sentido del alma, de su alma, y así comenzó su peregrinación al saber y ya no hubo marcha atrás. Ismael abrió las puertas aquella noche a una búsqueda que nunca luego abandonó abrazado siempre a los libros de su abuela. Pero no fue el único, aunque sí el más especial, como él otros transgredieron las normas, porque el ser humano ansía la libertad de decidir, pensar y sentir por sí mismo por encima de todo. Ismael fue un líder, un visionario, un prestidigitador de la palabra. Ahí comenzó la luz, la tormenta de ideas fue más abrasadora que la del fuego del sol, una chispa que encendió la llama de la batalla y que elevó de nuevo a los hombres más allá , más lejos, mucho más lejos de lo que nunca habían estado.

viernes, 26 de marzo de 2010

La mirada

http://www.rufuswainwright.com/


Entró en la boca del metro, línea 1 , dirección atocha, mientras escuchaba a todo volumen a Rufus Wainwright en su Mp3.Andando por el andén entre la multitud le parecía que protagonizaba un vídeo-clip. Le gustaba Rufus, le hacía sentirse diferente.Al entrar al vagón abarrotado miró al suelo mientras buscaba un hueco cerca de la puerta menos colapsada.Sonaba ,maravillosa, "poses" y aquella voz aterciopelada le arrullaba con el vaivén de las vías. Sus ojos se posaban distraidamente sobre los rostros de los desconocidos que le rodeaban y luego sobre la negrura apresurada de las ventanas. De pronto un instante se hizo más largo de lo correcto. Sus ojos ,los de él y los de ella, chocaron,colisionaron al azar, sin premeditación.Ella se encontraba a una distancia más cercana de la que las normas aconsejan, cosas de la hora punta.Tenía los ojos color violeta turbio, agudos,eléctricos, intensos, immantados, imposibles de eludir...Fue tan solo una milésima de segundo, aquella mirada le atravesó como un relámpago de luz mientras la música le atronaba en el cráneo .

-60 años después, cuando ella le cogía la mano, y las imágenes se sucedían en su cerebro, al mismo ritmo que se apagaban sus neuronas haciendo destellos de recuerdos, aquella mirada y aquella melodía, guardadas en una recóndito lugar de su masa gris aparecieron como una ensoñación, y comprendió que nada es casual, que en aquel momento sin saberlo comenzó todo. Ella apareció en su vida mucho antes, apareció en aquel preciso y precioso instante,pero no lo recordó hasta ese último momento final. Luego ocurrió la vida, enamorarse, sentirse, amarse en la intimidad del matrimonio, los hijos, los nietos...Ella le sujeta la mano en el último haz de luz que cruza delante de sus ojos, antes de la oscuridad total , pero aún él, anciano y vencido por la enfermedad, le da tiempo a decir en un susurro, en un último respiro " eras tú, siempre estuviste ahí, siempre, por eso te reconocí si saberlo al verte, en el fondo de tus ojos estuvo siempre la respuesta. Gracias amada mía... Y se fue, sin hacer ruido,como había vivido.-

El tren se paró con un bufido y un brusco movimiento . Él volvió a mirar al suelo, luego afuera, hacia el cartel que anunciaba la estación -Antón Martín- y enseguida de nuevo buscó los ojos de la desconocida,pero ella se había dado media vuelta y se había bajado. Se entretetuvo unos segundos viéndola caminar por el andén, mientras se cerraban las puertas y se reanudaba la marcha. En sus oídos continuaba sonando la melodía, los compases de un piano dulce y triste. El tren entró en la oscuridad del tunel y ella desapareció de su vista.No volvió a verla nunca más, nunca fueron nada, nunca hubo una historia de amor, ni tuvieron hijos , ni nietos,...Se apagó la visión de golpe, como en las películas, con el último fotograma. Fundido en negro y The end.

"El tiempo no es lineal. Todas las posibilidades, todos los caminos, están pasando, a la vez, en alguna parte..."