martes, 16 de julio de 2019

PARA QUE NO SE PIERDAN SUS NOMBRES.



Domitila Hernández, Noviembre 1937 .          Paulino Hernández , Fiestas del Cantillo, Abril 1936.

Me llamo Enedina Hernández y tengo 15 años. En casa ya solo quedo yo. Mamá está cada día más triste y llora todos los días. Papá ya no habla, al principio andaba sulfurado y nos peleaba. Ahora ni eso.
Mis hermanos mayores, antes de todo esto, hablaban con papa y mamá cosas de mayores que yo no entendía o no quería entender. Reunidos en la mesa de la cocina discutían por la empresa de guaguas de papá , el sindicato de transportes, la CNT.  Yo no sabía que era eso y nunca pregunté.
Un día Ernestina, dijo que ella también iba a ir con Amadeo y Paulino a los mítines. Papá se enfadó. Gritaba y gritaba, que -a ellos que les importaba que si un duro o 4 pesetas-. Eso gritaban, yo no entiendo. Mi hermana Ernestina también gritaba, me pareció que estaba llorando. Decía que le  cerraron la escuela del Barrio de la Salud. Por el levantamiento de Franco, decían. Esa pequeña escuela fue la primera que hubo. Pero Ernestina primero había dado clase en casa, como Domitila.
Domitila es la mayor, nació en Cuba cuando papá y mamá emigraron allí . Luego regresaron a Tenerife y aquí, en Tacoronte, nacimos los demás. Amadeo y Paulino, seguiditos,  luego Ernestina y yo.
Pobre Domitila, vamos a verla cada dos días Mamá y yo a la cárcel de mujeres de La Orotava. Lleva allí 6 meses. La semana pasada la vi tan delgada, tan frágil de salud, ella dice que en la cárcel no la tratan mal, que ahora que dejan que le lleven al niño, al Chicho, el más pequeño, ya está feliz. Pero está demacrada y tiene marcas de golpes en los brazos, yo se los vi, aunque se los tapa.
A Domitila fue la primera que se llevaron. Ella había estudiado costura en la Habana y bordaba tan bonito. Luego montó una academia de costura y todas las muchachas de Tacoronte se apuntaron. A los meses descubrió que la mayoría no sabían leer ni escribir. Ahí comenzó el problema. Domitila es un ángel, tiene el corazón lleno de cosas para dar. No supo decir que no. Y luego la gente del pueblo empezó a ir sin que nadie les dijera nada, los mayores y los niños. Les enseñaba a leer y a escribir y más cosas que sabía. Es muy lista y allí en Cuba aprendió mucho. Así y sin darse cuenta se hizo maestra.
De la escuela vinieron muchos niños a casa. Hijos de jornaleros de papá que no se podían hacer cargo, otros eran de viudas o de gente que se llevaron presa. Algunos se quedaban semanas. Siempre la casa llena de gente, no como ahora. Bueno están Nedi y Carmen, las pequeñas, vinieron y ya no se fueron. Ahora son la alegría de mamá, menos mal, porque está tan triste.
 Por eso se llevaron a Domitila aquella tarde los guardias civiles. Por la escuela. Decían que éramos de izquierdas, que los pobres no necesitaban leer ni escribir para trabajar en el campo.
Aquella tarde que se la llevaron era invierno cerrado y la "panza de burro" era densa y negra, más que otros días. Lo recuerdo como si fuera ayer. En la carretera del Cantillo, al lado del Casino de Tacoronte, donde está nuestra casa, primero apareció la furgoneta verde. Yo estaba sentada en la terraza. No sé por qué no le quité los ojos cuando la vi acercarse y pararse frente a  la casa. Luego apareció una guagua "perrera", no de La Exclusiva. Era azul y blanca, las otras eran rojas. Mi hermana iba en esa guagua que volvía de Santa Cruz.  En la parada de la guagua estaba la furgoneta verde. Entonces de ella bajó un guardia civil, una figura imponente, con tricornio y capote largo y un fusil al hombro. Me quedé mirando sin pestañear y en el recorrido de la mirada por la guagua, mis ojos se encontraron con los de mi hermana Domitila y me quedé paralizada. Vi cómo el guardia civil le hacia señas para que se bajara y cuando ella lo hizo, se acercaron y le hablaron. Yo estaba como en trance, no me moví ni dije nada. Veía que metían a mi hermana mayor a empujones en la furgoneta , y que mi sobrino Julián, tan pequeñito, 6 años, corría hacia ella y se metía entre sus piernas. Me acerqué temblando y la escuché decirle al niño, -no pasa nada Chicho, mamá pronto estará con ustedes.- Luego me miró a mi y dijo, -corre a casa y avisa de que me llevan presa. 
Aquel día yo empecé a entender, aunque no quería saber, supe.
Más tarde Ernestina retomó las clases que dejó Domitila. La gente del pueblo no tenía otro sitio y a pesar del miedo siguieron llevando los niños a casa .Ella al principio no quiso, decía que no había estudiado magisterio, que aún no la habían aceptado en la academia, que además se había apuntado a la facultad de medicina, sin ninguna esperanza, ya que pensaba que no la iban admitir. Por ser de izquierdas, creo yo. Pero la gente seguía llevando a los niños y no se pudo negar. Luego montó la escuelita del "Barrio de la Salud", y le gustaba tanto. La escuela la cerraron hace unos meses, por el levantamiento. Dicen que Ernestina es anarquista, yo no sé que es eso. Anarco-sindicalista, que palabra tan difícil.
Ayer por fin vino Ernestina. Llevábamos 2 meses que no sabíamos de ellos.
Entró apresurada por la puerta de la cocina, estaba pálida y sudorosa. Mamá se asustó. -Pero Tini, donde estaban? – dijo sollozando- y tus hermanos?.
Fuimos los tres al mitin en Santa Cruz- dijo- los guardia civiles nos dispersaron a porrazos, todo el mundo corría. Yo iba al principio con Amadeo y Paulino, Miguel me esperaba delante. Llegué por los pelos casa de Juan Romera el jornalero, y me escondí. No sé más de ellos, dicen que a Paulino le tienen apresado en Santa Cruz en la calle de San Francisco. Que le encontraron una pistola. De Amadeo no sabemos, igual consiguió llegar al puerto y coger el barco a las Palmas. Miguel y yo llevamos días escondidos en el "monte de la Esperanza".
Mamá lloraba . Y entonces entró Papá. Estaba pálido y con la cara afilada. Miró a Ernestina que estaba vestida con la ropa de Miguel. Los pantalones arrugados le quedaban largos. La camisa manchada y la chaqueta arremangada hasta los codos.  Dice que se ha tenido que disfrazar de hombre porque hay una orden de captura contra ellos. Les acusan de llevar armas y explosivos y de planear un atentado contra  la visita de Franco, que iba a venir en estos meses a la ciudad. Ernestina dice que no, que es mentira. Que ellos en el sindicato no se metían en eso.
He venido a avisarles, dijo: -No sé cuando volvemos. No hemos podido contactar, ni sabemos nada de Amadeo y Paulino. Intentaremos coger el próximo barco a las Palmas y de ahí a Venezuela – y salieron a toda prisa de la casa, apenas llevaban un morral con cuatro cosas.
La casa después de aquel día está muda y vacía. Quedaban olores a vino de las bodegas de don Miguel López, que mi padre guardaba, con los mostos esperando sus catas a la llegada del día de San Andrés. Donde Paulino y Amadeo siempre armaban el tenderete y cantaban hasta la madrugada. Ellos eran los mas guapos y bien parecidos, siempre impecables de traje. Repeinados para atrás. También queda el olor de las resinas de los eucaliptos enormes que flanquean la carretera. Queda el olor de papá cuando llega a casa  y de su ropa mojada y caliente por el cuerpo ajetreado de trabajar en el campo.También quedan las niñas, tan pequeñas,  agarradas a las faldas de mamá mientras tiende.
(continuará)

sábado, 13 de julio de 2019

LA VOZ DE MAMÁ




Buenos días, hijita. ¿Como te trata la vida? Yo no te llamo porque me salta siempre el contestador y me da rabia. Hoy está lloviendo. Fui a comprar pescado, huevas de sepia , papas a lo pobre y paella de verduras, media ración. Así no cocino y no mancho, que para mi sola no me merece la pena. Salí a las 12 y ya volví.
 Por la tarde, aunque llueva , a lo mejor voy a la Iglesia de los Ángeles. Es lejos. Si no han cambiado de ahí salen todas las cofradías. Y así camino. Tu sabes que me gusta caminar, hago ejercicio y me entretengo, me encuentro  allí con las otras señoras, gente de mi edad, ya están mayores, yo no me siento mayor, voy andando a todos lados,  a mi gracias a Dios si me duele algo salgo andar y se me quita. Sabes que no estoy enferma de nada, ellas toman tanta medicación. Yo nunca tomo nada, una aspirina que tu me mandaste alguna vez y ya está.
Dicen que mañana sale otra nueva hermandad. No te preocupes que si llueve yo me abrigo bien. Ahora ha vuelto a llover, ya lo se hijita que quieres que me quede en casa. Además la vecina me ha dicho que en la tele ha salido que hay alerta naranja. Yo es que hoy no vi la televisión.
Ahora el cielo está  nublado y vuelve a llover un poquito. Comeré y luego salgo un poco, así camino.
Te cuento, aunque me dijiste lo de la alerta al final salí a las 6 y llegué ahora.
Llovía muy poco cuando salí pero luego empezó un viento fuerte, se cayeron ramas y los árboles  estaban doblados. No podía abrir el paraguas, se rompía. No había gente por las calles y no vi ningún coche. No llegué a la iglesia , retorné porque me dio miedo. Ya se hijita, que  tenía que haberte hecho caso, ya sabes como es tu madre. Al final estoy viendo las cofradías en la televisión. Es nuestra tradición tan bonita.
Muchas bandas de música. A mi me gusta escuchar las bandas de música porque me recuerdan a ti y a tu hermano cuando tocaban. Tu tocabas el clarinete y tu hermano tan gracioso con el trombón, casi era más grande que él.
A mi siempre me gustaba ir en las procesiones al lado de la banda de música, me hubiera gustado tanto tocar un instrumento. Por eso les apunté a ti y a tu hermano, es tan bonito, esas tradiciones no se deben  perder, son nuestra cultura.
Te mando aquella foto que les hicieron a todos juntos en Semana Santa , en la Palma. Están tan guapos, tu con tu coleta, tu hermano tan serio. Tu madre buscando siempre en el baúl de los recuerdos, tu dirás que loca tu madre, que qué rollos te cuenta. Es que están tan graciosos los dos, vestidos con su chaqueta blanca y su corbata. Las madres somos así, siempre acordándonos de nuestros hijos, ya te darás cuenta cuando seas madre.
Ser madre es lo más grande que le puede pasar una mujer. Cuando volví de América me decían ya estás viejita, te vas a quedar solterona. Ya tienes con tus sobrinas, que te quieren tanto, pero yo quería mis hijos, porque “al que dios no le da hijos el diablo le da sobrinos”. Y mis sobrinas eran mis mimadas cuando volví de Perú, las regalaba de todo las vestía, las llevaba y traía. Y mi hermana encantada. Un día a tu prima Bibi, esa niña , era más mala, tan respondona. La peleé y me respondió, con un odio, como si fuera mayor, tan seria, déjame que tu no eres mi madre, la chiquilla, con cuatro años. Aquello me llegó al corazón, esa niña siempre tan altiva. Y yo dije, yo no, yo voy a tener mis hijos.
 Y a ti te tuve la primera, mi primogénita. Te tuve a ti porque yo quise, cuando yo quise. Antes había abortado 2 veces. La segunda vez fue una niñita morena, ya estaba yo de 5 meses y le vi el pelo tan negro. Hubieras tenido una hermanita mayor, morena como tu padre.
Yo me lo propuse, desde siempre quise tener 4 hijos, familia numerosa.  Pero a ti te hice yo. Yo quería una niña así y miraba todos los días el  cuadro del niñito rubio que lloraba, ¿te acuerdas, el que está en el salón?. Ese cuadro se lo cogí a mi amiga Rosi, que su marido era pintor. Miraba el cuadro y pensaba que mi niña iba a salir así.
 Me acuerdo que cuando naciste, te revisé de arriba abajo, la carita, las orejas perfectas, los piececitos, comprobaba que no te faltaba ningún dedito, los contaba una y otra vez, tan pequeñitos, con todas sus uñitas.
Y les escribí a tus primas que estaban estudiando en Londres. Les mandé una postal de navidad con un niño Jesús precioso, rubio con los ojos azules , sonriendo. Les dije , así es mi niña, rubia con los ojos azules, así igual que el de esta postal. Y tus primas se rían, decían , que loca está la tía, y se reían, estás loca decían, cuando volvieron y te conocieron se quedaron muertas, la tía siempre tan loca, pero mira como era verdad.
Siempre lo cuentan ellas y nos reímos mucho. Eras idéntica al niño Jesús de la postal. Así que saliste así porque yo te hice así, tan rubia , con los ojos grandes y azules como los de la familia, como los de tus primos y primas, y mis hermanas y los de tu abuela. Cuando ibas por la calle, la gente me paraba y decía, no se puede dudar que esta niña es de la familia. Yo no tengo los ojos azules porque salí a tu abuelo, pero los míos son color miel, casi verdes, tu y tus hermanas se ríen, y me dicen que es por el rimmel, a mi es que el rimmel me gusta verde o azul. Pero sí que los tengo verdes, míralos bien, como los de tu abuelo.
Parece que ya no va a llover más, después de chaparrón está todo lleno de charcos.
Tampoco hace viento, menos mal , porque las ventanas del salón están viejas y yo decía , ay muchacha, esto se va a salir volando.
Mañana  saldré a dar una vuelta a la asociación . Si no, es que me quedo sedentaria y me engordo. Me arreglaré bien guapa que aunque tu madre está mayor, tiene su “aquello”. A mi la gente siempre me dice que guapa soy , que interesante. Y yo me veo tan fea y tan vieja. Tu que dirás hijita, tu madre ya tan arrugada. Ya, ya lo sé, tu no dices nada.
A ver como hago, llevaré los tacones en el bolso, porque para ir a la asociación yo me pongo zapato cómodo. Está lejos, cerca del puerto, por la playa de la Malvarrosa. Allí luego por la tarde organizan baile. A mi me gusta bailar porque me entretengo y hago ejercicio.
Luego iré a comprar naranjas para hacer zumo. Siempre me acuerdo de ti hijita, come bien, duerme bien y haz ejercicio.
Un besito.

Mamá

jueves, 5 de noviembre de 2015

LA MIRADA LÍQUIDA



Sube al coche como cada mañana y cierra la puerta de golpe.Sentada en el espacio cálido que le ofrece el auto se siente protegida, respira profundo, se mira al espejo y se peina un poco el flequillo con los dedos, luego pone la música. Tiene la mirada cansada de sueño y los ojos líquidos de mirar al infinito. Mientras, el día despunta con una luz húmeda y resbaladiza.
“El destino no existe -le dijo."
El destino no existe pero tú y yo no hacemos mas que cruzarnos ,chocar ,derrapar ..en esta carrera sin sentido que llamamos vida.”

Permanece quieta ,muy quieta, agarrada al volante cual salvavidas,como hipnotizada por la luz roja del semáforo.Le gusta ese momento del trayecto hacia el trabajo, porque así huye del silencio que la abofetea y la golpea el alma cada hora que vive a solas en su piso, ese piso que heredó de la abuela, con su olor a casa vacía, a humedad, a legiones de ácaros y que a pesar de sus arreglos y sus muebles nuevos, nunca desapareció.No soporta el silencio porque se escucha por dentro con una voz que no es la suya, y que sin darse cuenta, le dice cosas despiadadas, le dice que es inútil insistir, que todo es surrealista , que nada encaja..Por eso sube mucho el volumen de la música dentro de su coche como si subiera a su vez el ruido de dentro de su cabeza, para no oírse más, para oírse menos.
La sobresalta el pitido rabioso de una bocina a su espalda.En esta ciudad enloquecida por la prisa no nos perdonan un segundo de indecisión y como respuesta pisa el acelerador con rabia .Cruzando la Gran Vía se siente invadida por un desamparo cósmico. Las caras dormidas de los transeúntes son como sombras que bostezan juntas, los carteles de los teatros a los que ya nunca va, ese caos de tráfico, le reconforta por lo familiar, la  triste y repetitiva rutina le amortigua el dolor.
Afuera, el cielo parece dilatarse y comienza a llover. Llevando la contraria baja la ventanilla para que el olor a mojado le enturbie el pensamiento. Todo parece temblar en cuanto las gotas de lluvia se adueñan de la luna delantera , pero no le impide circular, a posta tarda en activar el limpiaparabrisas, como si quisiera que el coche llorara lo que ella ya no puede y que así los recuerdos fueran arrastrados por el desagüe del hueco de alguna alcantarilla.Por unos instantes el espacio,las calles,los edificios...se derriten con el sonido del agua.
Ya enfila la arteria de asfalto que la expulsa de la ciudad, y  es entonces cuando siente un zarpazo de sol en los ojos. Todavía el telón del negro plomizo que habita entre los edificios no ha ganado la batalla al tímido sol de la mañana y pronto el arcoíris la recibirá en su huida .
“Madura Irene-le dijo- tienes ya 41 años, no puedes seguir creyendo en los mismos cuentos que cuando tenías 15 “ Y se quedó ahí, mirándole sin poder contestar, porque se le llenó la boca de un regusto amargo a moho ,que no la dejó decir nada.
Siguen esas palabras resonando en sus oídos como una taladradora. Lo ultimo que le escuchó antes de darse la vuelta y escapar con grandes zancadas . Por el espejo retrovisor lo vio alejarse hacia el portal de su casa mientras se hacía pequeño, lo veía empequeñecerse, como se ve encoger a la gente que se queda en la orilla cuando zarpa un barco. Y supo que era la última vez que le vería. Lo supo porque fue un acto consciente, una proposición firme y robusta. De eso hace ya más de 4 meses.

martes, 3 de noviembre de 2015

EL REENCUENTRO


Carmen llegó una mañana de Enero. 
Era una de esas gélidas mañanas del invierno madrileño con su cielo alto y despejado.El sol asomaba por el horizonte de edificios y antenas,luminoso,redondo,incandescente, resplandeciente como un sol de verano si no fuera por los pocos grados de temperatura con que amanecía aquel día.
Él la esperaba impaciente en una cafetería con grandes ventanales a la calle Fuencarral.
No recuerda cómo la vio entrar, no recuerda apenas lo que tomaron ni de que hablaron ,sólo que no podían dejar de mirarse. 
Se miraban,como dos niños risueños ,de arriba abajo , y cuando se chocaban con los ojos se entretenían un momento, como sí necesitarán reconocerse una vez más.
Paseaban,mientras conversaban, la mirada por sus rostros tan conocidos,tan rememorados durante años en la memoria, y ahora, esos mismos rostros, iguales pero distintos, cambiados por el paso del tiempo, cargando a la vista  con la misma sensación , la misma cercanía,la misma familiaridad, la misma ternura .
Disfrutaban con cierta timidez aquella insustancial conversación. Pequeños detalles sobre la familia,sobre los amigos en común,sobre el trabajo..Era difícil ponerse al día , se atropellaban en un remolino de preguntas, de respuestas, saltando de tema de aquí y de allá. Una conversación como las de antes, llena de silencios, de pequeños gestos, de risas contenidas, esas risas tontas que  se te ponen en la boca con la alegría del reencuentro.
Apuran sus cafés, todo es tan conocido y cotidiano que él ,de la forma más natural y sin pensárselo ,le pregunta sí quiere subir a su casa. Y ella dice que sí, que claro que sí.
Carmen ya había estado muchas veces en aquel apartamento ¡hacía tantos años de eso! pero seguía casi todo igual . Era un sexto sin ascensor, con grandes balcones a la Glorieta de Bilbao, sus techos altos de vigas vistas, su piso de madera crujiente con su olor  a antiguo, a vetusto.El salón, acogedor y luminoso, se transformaba al ritmo de los caprichosos rayos del sol,en una estancia mágica,con miles de destellos dorados bañando los muebles, las paredes, las figuritas , los libros..todos sus libros.
Nada más cerrar la puerta se quitan despacio los abrigos y no hablan. Se quedan un momento observándose a cierta distancia. Luego empiezan a acercarse despacio, hasta que simplemente se abrazan.
-¿Es esto lo que necesitabas? - le susurra ella al oído , mientras  se aprieta un poco más  a su abrazo y apoya la cabeza en su hombro.
Entonces él lanza un leve suspiro y también la abraza un poco más fuerte, mientras acaricia su pelo y su cuello.
-Si, te he echado tanto de menos.
Y así se quedan , plantados como una figura única en medio del salón , la respiración acompasada, el tibió calor del otro, el olor del otro, ese contacto tanto tiempo añorado.
Y se abandonan un poco, se entregan otro poco, a la ternura, al dolor de la excesiva ternura, mientras el tiempo se congela y queda suspendido a su alrededor en un gesto cómplice.



"El amor es algo así como volver a casa después de un largo, largo viaje"
Piper .OTNB

martes, 25 de agosto de 2015

LA PAREJA TÓXICA


Corro hacia el bar donde hemos quedado , llego tarde. He estado toda la mañana como un loco intentando acabar antes en la imprenta, dejarlo todo atado antes del almuerzo para poder comer juntos. Como siempre un imprevisto, un capricho de ultima hora de mi jefe, un último retoque  y aquí estoy, llegando tarde de nuevo.
Acelero el paso, sé que ella estará enfadada cuando llegue. -Otra vez tarde –dirá.
Siempre pasando factura por cada hora, por cada minuto de más que paso en la oficina y no con ella. Esa guerra sorda por mi tiempo, ese que no estoy con ella.
Lo tengo asumido, lo se, es muy celosa  y yo la excuso. No se lo puedo reprochar, es mi culpa, siempre ha sido así, un poco celosa, un poco desconfiada ,un poco posesiva.
Al principio eso me gustaba, si ,tal vez me gustaba, me gustaba mucho que me celara, que no pudiera vivir sin mí, que contara las horas para verme.
Pero ahora , ahora la situación se está haciendo insostenible, me ahoga , no me deja respira, tener que estar justificándome continuamente, haciendo una prueba de amor en cada gesto, en cada explicación.
Para ella nunca es suficiente, nunca son suficientes los “te quieros”, no le basta, quiere más, quiere mi rendición, quiere mi total y absoluta sumisión.
Le pertenezco hasta en el más mínimo de mis íntimos pensamientos. A veces me sorprende ensimismado, simplemente estoy ahí tumbado, mirando el techo o paseando la mirada hacia el infinito, me dejo llevar , solo eso. Y ella, a mi lado,  ahí está de nuevo, mirándome, su pupila se me clava como un dardo -¿que piensas? –me dice.
Recuerdo cuando me divertía contestarle cualquier tontería -¿en que voy a pensar? en ti mi amor, en nosotros -nos reíamos, le exageraba los “te quiero", los “te adoro” “hasta el infinito y más allá “decía. Tontas y almibaradas cantinelas de enamorados. Pero ahora, ahora es diferente, ya no se qué decirle, nada le basta. Me angustia, me desequilibra, soy un equilibrista precario que se tambalea en la cuerda, esa cuerda que se tensa y destensa  entre la angustia de su presencia y a la vez  de su ausencia.
La quiero, eso seguro, la deseo, la necesito, no puedo vivir sin ella. Pero a su lado me siento pequeño, minúsculo, sólo soy algo  y recobro la dignidad si tengo su aprobación. Sólo entonces.
Esta tarde la he notado especialmente crispada al teléfono, me pedía insistentemente que saliera antes, que era importante.
Llevo un nudo en la garganta, reflexiono que ha podido pasar, repaso mis últimas horas en el trabajo, la tarde de ayer, algo que dije, alguna cosa inoportuna, algo que hubiera pasado esta mañana, algún cambio que ella haya notado y yo, despistado, pasara por alto. No sé, he estado toda la mañana en la imprenta, no me he movido de allí. No entendía su tono amenazador. Mi móvil, no ha podido ser eso, lo he tenido encima todo el tiempo. Últimamente está  obsesiona con mi móvil, cada mensaje que llega, cada llamada la sobresalta, me supervisa mientras lo uso, me mira de reojo y lanza encendidas indirectas si lo miro en la sobremesa más tiempo del que ella considera necesario -estás enganchado a ese trasto -me dice. Sospecho que lee mis mensajes, que mira mis llamadas pero no quiero saberlo. No quiero saberlo.

 Ya llego, respiro angustiado, la veo de lejos, ahí sentada en nuestra mesa de siempre, es tan guapa, tan sexy, me aprieta una garra el pecho.
 Me muero por abrazarla, por besarla en el cuello mientras la huelo, una vez más, como tantas veces y no me canso nunca de su olor, de su sabor. Me muero por  estar con ella, por dormir con ella, por despertarme abrazado a su cuerpo.
-Hola, mi amor -digo mientras me quito el abrigo-¿qué tal?.
Ella me mira , sus ojos están tristes, pero su gesto es agrio, distante. Me besa en la mejilla con desgana y me aparta cuando intento abrazarla. Me tenso un poco más, trago un poco para sobrellevar el nudo en la garganta.

 No pasa nada me digo, ha tenido un mal día en el trabajo, haré lo de siempre, le diré muchas veces que la quiero, lo mucho que la quiero, lo feliz que me hace, lo que la necesito, lo especial que ella es para mí por encima de todas las mujeres que he tenido nunca. Sí, eso haré, luego, cuando esté más tranquila, la abrazaré de nuevo, apoyaré mi nariz en su cuello y le susurraré cuanto la quiero. Así sentirá lo que yo siento, este calor en el pecho, este que siento yo, no tendrá dudas cuando me mire a los ojos, estos ojos de tonto enamorado. Será fácil, sí, será fácil .Todo saldrá bien, ella  me quiere,  yo sé que me quiere, lo sé, y me perdonará, me perdonará una vez más .

viernes, 25 de noviembre de 2011

LA CASA Y EL ÁRBOL

Bloody tree by WizzO the Green Cat/ Xavi Serrat
Atardece . El rojo se derrama sobre los campos y le da a la casa y a el árbol un rutilante color encarnado. Manuel se ha parado un instante en un escollo del camino .En un gesto lento saca un pulcro pañuelo del bolsillo de su adusto traje negro y se seca las nimias gotas de sudor que surcan su frente. Allí quieto , se alegra de sentir ese súbito silencio cayendo sobre sus hombros como un velo.Todo está quieto,en calma,ni una mínima brisa, congelado el paisaje como en una fotografía, solo alterado por el runrún de las cigalas , los grillos y el zumbido de algún insecto cruzando raudo por su oído.Presencia la escena desde lejos, el caserón de su infancia y el árbol, guardián de secretos, mentiras, amoríos y refriegas fraternales repletas de los celos y las competencias por los primeros besos imberbes de la adolescencia .

Aquel maravilloso árbol, observador y testigo, erguido contra los elementos, hermoso por su entereza, sólido, vigoroso, inmenso protagonista de la vida de los endebles humanos que correteaban entre sus raíces.Su tronco rugoso , áspero y grosero,fué durante décadas apoyo de los recreos de los niños,de sus escondites, de los numerosos corazones labrados en su madera. El mismo árbol protector y refugio, que atrapaba la brisa fresca del verano y la convertía en la sombra apacible que te acunaba en la siesta.

Manuel retoma sus pasos, lentos y cortos, pasos de octogenario, y con cada golpe de gravilla en la suela de sus zapatos se arremolinan en su cabeza los recuerdos de su dulce infancia. Recuerda a su madre peinándolo para ir al colegio, a su padre sujetándole por los hombros mientras le habla del abuelo, a su hermano Luis antes de marcharse a la guerra, sonriendo mientras mordisqueaba una ramita de olivo, con aquella sonrisa de medio lado tan suya, recuerda sobre todo a Rosa, frágil y pequeña, mirándolo con sus hermosos y enormes ojos negros, desproporcionados en aquella carita tan pequeña. Rosa, su recuerdo más mimado, más profundo e intenso, lo guarda en la cajita de su corazón cansado, y lo tantea con sus arrugados y torcidos dedos de abuelo como quien acaricia una talismán, buscando el sortilegio , el encantamiento que le devuelva su presencia, su cálido cuerpo, su pelo, sus manos, su risa como el agua, todos aquellos primeros besos que se dieron con el permiso del árbol, y los últimos que les negaron en aquella fría y aséptica habitación de hospital.

Ya llegó Manuel al pie de la casa y el árbol, se sienta en el banco de piedra que aún sigue allí indemne al tiempo, y observa sin prisa todo lo lejos que le permite la presbicia alojada en el azul de sus ojos. Y ahí se queda, respirando despacio, al abrigo de ese ronroneo cálido de su memoria.

sábado, 1 de octubre de 2011

Madrid 2063

Sierra de Madrid, 25.09.2063
23.35h

Ismael acarició la portada del libro un momento antes de abrirlo. Era un libro pequeño y amarillento, las tapas eran de un cartón blando barato castigado por el paso del tiempo, en la portada descansaba una lánguida dama arropada en una sábana blanca con actitud de desmayada entrega. Tenía una larga cabellera rojiza cayendo a lo largo del borde de la cama y en su mano izquierda colgaba casi temblando una rosa blanca que amenazaba con caer. Absorto se preguntaba que maravillosos secretos escondería aquella sugerente imagen y aquel sugerente título, "El perfume". Lo había encontrado en el garaje de la casa de la abuela unos días atrás y lo había escondido debajo del colchón, luego con desesperada impaciencia había tenido que esperar hasta aquel momento a solas para por fin leerlo. En aquellos días un libro era un objeto raro y valioso, una pequeña joya antigua que escaseaba como una pepita de oro en un ruidoso arroyo.
Después del primer gran Tsunami, cuando la isla de La Palma se desquebrajó con un inmenso estruendo provocando una gigantesca ola que destrozó las costas Americanas y engulló las islas Canarias se encadenaron una serie de desastres que llevaron a la humanidad al borde del colapso. Murieron cientos de miles de personas de todos las razas y continentes, la población total quedó mermada en casi un tercio y grandes ciudades de las costas quedaron destruidas para siempre. Luego vinieron las pequeñas tormentas solares, extraños erupciones del sol que alteraban el campo electromagnético del planeta y dañaban los sistemas de satélites y comunicaciones, paralizando el mundo en un instante y desencadenando el caos.Las primeras tormentas fueron pequeñas y sin repercusiones realmente importantes, pero en el año 2057 se produjo la gran tormenta solar que apagó el mundo por completo y ya nada volvió a ser como antes. Se colapsó el sistema financiero, desaparecieron las transacciones económicas, se volatizaron todos los sistemas importantes que se habían ido digitalizando para así ir desterrando los documentos en papel los cuales habían quedado obsoletos hacía años, también el dinero, los billetes y monedas habían desaparecido y la mayoría , por no decir todos los documentos impresos habían ido dejando paso a un sofisticado sistema de documentos digitales, mucho más seguros y prácticos. Aquello supuso que los estados perdieron la información de los ciudadanos, los documentos de identificación, las nóminas, las consultas de hacienda, tu historial médico, hasta las fotos, todos las imágenes estaban en formato digital, nadie ya imprimía sus recuerdos. Las obras de arte habían dejado de venderse en formato físico ya que se pusieron de moda las holografías, los CDS eran incómodos y la música se escuchaba directamente desde la red desde hacía décadas. Así fue como en un instante todo se perdió, desapareció, se volatizó.
Como las ciudades eran inmensos consumidores de energía eléctrica se convirtieron en descomunales moles inhóspitas donde era insostenible vivir. Sin energía no podías cocinar, no funcionaba el agua caliente, la luz, el teléfono... Al principio el caos fue insostenible, la gente se echó a al calle aturdida, sin saber que hacer, luego en pequeños grupos empezaron a partir en peregrinación a los campos, aldeas, pueblos, allí donde hubiera un río y algo de pasto. Hubo que volver a aprender a lavar la ropa en el río, a lavarse por partes con agua fría, a cocinar con leña en una chimenea con la cual también te calentabas en invierno, a cultivar los alimentos en tu propia huerta y a usar el trueque para obtener ropa o herramientas. El mundo volvió casi a la edad media, la historia que quedaba, la que se conservó, las bibliotecas que se salvaron y los libros que quedaron estaban en manos de unos pocos privilegiados.
Su abuela solía contarle como era el mundo antes de aquello, ella había sido una mujer fuerte y valiente, trabajó de médico ayudando en las grandes catástrofes de los terremotos y los tsunamis, ofreció su casa de refugio a todo aquel que lo necesitó y compartió sus tierras su huerto y sus animales que poseía desde hacía años. En cambio, por alguna razón su verdadero gran tesoro, sus libros, nunca los compartió hasta ahora, los enterró en un agujero en el garaje y ese escondrijo le fue desvelado solo a él antes de su muerte. Recordaba a su abuela como un ser mágico y magnético, contándole increíbles historias de aquel maravilloso archipiélago donde había nacido y donde comenzó todo, donde comenzó el principio del fin del mundo conocido. Un sitio irreal y paradisíaco, con playas inmensas y barrancos que te hundían y elevaban en pocos cientos de metros. Había nacido poco después de la erupción del primer volcán del sur de la isla, le llamaban el Teneguía y corría el año 1971, un volcán pequeño y sin víctimas que fue centro de atención de turistas durante muchos años. Nadie imaginaba que aquella misma isla, la isla bonita, se desmoronaría en el mar y provocaría la más terrible catástrofe natural jamás recordada. Era una isla alta hasta el cielo, que acariciaba las nubes desde sus cumbres. Su abuela le contaba como de niña subían hasta lo mas alto de sus picos en una carretera de curvas imposibles y borrachos del viaje y de la falta de oxígeno sentían lo cerca que estaban de la cima del mundo, sobre un maravilloso mar de nubes. Ismael a veces dudaba de si aquello eran simples desvaríos de la memoria marchita de su abuela o lo habría vivido de verdad, el caso es que lo contaba con tanta pasión, con tanta entrega e impregnando sus palabras siempre con aquel dulce acento , suave y arrastrado, que nunca perdió y que le daba una extraña veracidad a sus historias, y quizás si, quizás fuera de aquellas islas, pero hacía ya tanto, tanto tiempo de eso.

Después de la última tormenta solar el planeta volvió a serenarse, el cielo amanecía cada mañana límpido y claro, el azul del cielo era de una intensidad desconocida, el agua volvió a ser transparente y el aire entraba en los pulmones puro y oxigenado como nunca. Las enfermedades eran raras, desapareció el cáncer, las infecciones se curaban con hierbas y cataplasmas y las gentes volvieron a mirarse a los ojos.
Ismael había nacido y crecido feliz en pueblo cercano a la casa de la abuela que era rico en ganado y pastos, nunca pasaron necesidades, los niños colaboraban con los trabajos diarios de recoger leña, limpiar, trabajar en el campo, pero también iban a la escuela y leían clásicos libros de historia, uno o dos por cada curso y siempre bajo la estricta supervisión del maestro.
Los libros eran objetos escasos y por tanto valiosísimos. Cualquier documento escrito que se encontrara debía ser comunicado al estado y depositado en el archivo central para así clasificarlo oficialmente el la biblioteca estatal, que en principio estaba diseñada para concentrar todo el saber del mundo y así devolver las gentes su identidad y su historia.
La abuela había guardado durante sus años de estudiante todo tipo de libros, había libros de historia, medicina, ensayo, novelas maravillosas con sus portadas en piel. Y ahora todos aquellos libros eran suyos, pensaba Ismael mientras que sostenía aquel primer libro en sus manos.Palpitando de emoción sentía vértigo al pensar que haría ahora con ellos y porque su abuela lo habría mantenido en secreto durante tanto tiempo, dejándole a él ese legado. Si su padre se enterara de aquello se pondría furioso. Su padre era consejero del alcalde y uno de los mayores archiveros de documentos de la región. Todo ciudadano adulto o niño conocía la importancia de la palabra escrita y de su poder para cambiar el mundo, así que todo libro o documento debía ser llevado al Interpretador, una figura fundamental en las pequeñas aldeas que eran los núcleos actuales del nuevo orden mundial. El Interpretador leía y releía el libro e interpretaba el mensaje, luego dejaba el libro a disposición de los maestros para que los utilizaran en sus enseñanzas, pero nunca con una interpretación propia, sino de siguiendo una estricta estructura que no permitía mas interpretación que la establecida, así debía de ser, y así se formaban los nuevos hombres y mujeres de la nueva sociedad mundial.
No sabía Ismael que aquel día comenzaba el principio de la libertad, aquel día que comenzó a pasear sus ojos por aquellas deliciosas frases,solo, sin interpretador ni maestro, sólo él en la intimidad de la noche, subyugado a la maravillosa historia del asesino del perfume, aquella novela aterradora e inexplicable, con tantos matices , donde Ismael comenzó a sus trece años a soñar con otra forma de pensar. En la metáfora del los aromas encontró el sentido del alma, de su alma, y así comenzó su peregrinación al saber y ya no hubo marcha atrás. Ismael abrió las puertas aquella noche a una búsqueda que nunca luego abandonó abrazado siempre a los libros de su abuela. Pero no fue el único, aunque sí el más especial, como él otros transgredieron las normas, porque el ser humano ansía la libertad de decidir, pensar y sentir por sí mismo por encima de todo. Ismael fue un líder, un visionario, un prestidigitador de la palabra. Ahí comenzó la luz, la tormenta de ideas fue más abrasadora que la del fuego del sol, una chispa que encendió la llama de la batalla y que elevó de nuevo a los hombres más allá , más lejos, mucho más lejos de lo que nunca habían estado.

viernes, 26 de marzo de 2010

La mirada

http://www.rufuswainwright.com/


Entró en la boca del metro, línea 1 , dirección atocha, mientras escuchaba a todo volumen a Rufus Wainwright en su Mp3.Andando por el andén entre la multitud le parecía que protagonizaba un vídeo-clip. Le gustaba Rufus, le hacía sentirse diferente.Al entrar al vagón abarrotado miró al suelo mientras buscaba un hueco cerca de la puerta menos colapsada.Sonaba ,maravillosa, "poses" y aquella voz aterciopelada le arrullaba con el vaivén de las vías. Sus ojos se posaban distraidamente sobre los rostros de los desconocidos que le rodeaban y luego sobre la negrura apresurada de las ventanas. De pronto un instante se hizo más largo de lo correcto. Sus ojos ,los de él y los de ella, chocaron,colisionaron al azar, sin premeditación.Ella se encontraba a una distancia más cercana de la que las normas aconsejan, cosas de la hora punta.Tenía los ojos color violeta turbio, agudos,eléctricos, intensos, immantados, imposibles de eludir...Fue tan solo una milésima de segundo, aquella mirada le atravesó como un relámpago de luz mientras la música le atronaba en el cráneo .

-60 años después, cuando ella le cogía la mano, y las imágenes se sucedían en su cerebro, al mismo ritmo que se apagaban sus neuronas haciendo destellos de recuerdos, aquella mirada y aquella melodía, guardadas en una recóndito lugar de su masa gris aparecieron como una ensoñación, y comprendió que nada es casual, que en aquel momento sin saberlo comenzó todo. Ella apareció en su vida mucho antes, apareció en aquel preciso y precioso instante,pero no lo recordó hasta ese último momento final. Luego ocurrió la vida, enamorarse, sentirse, amarse en la intimidad del matrimonio, los hijos, los nietos...Ella le sujeta la mano en el último haz de luz que cruza delante de sus ojos, antes de la oscuridad total , pero aún él, anciano y vencido por la enfermedad, le da tiempo a decir en un susurro, en un último respiro " eras tú, siempre estuviste ahí, siempre, por eso te reconocí si saberlo al verte, en el fondo de tus ojos estuvo siempre la respuesta. Gracias amada mía... Y se fue, sin hacer ruido,como había vivido.-

El tren se paró con un bufido y un brusco movimiento . Él volvió a mirar al suelo, luego afuera, hacia el cartel que anunciaba la estación -Antón Martín- y enseguida de nuevo buscó los ojos de la desconocida,pero ella se había dado media vuelta y se había bajado. Se entretetuvo unos segundos viéndola caminar por el andén, mientras se cerraban las puertas y se reanudaba la marcha. En sus oídos continuaba sonando la melodía, los compases de un piano dulce y triste. El tren entró en la oscuridad del tunel y ella desapareció de su vista.No volvió a verla nunca más, nunca fueron nada, nunca hubo una historia de amor, ni tuvieron hijos , ni nietos,...Se apagó la visión de golpe, como en las películas, con el último fotograma. Fundido en negro y The end.

"El tiempo no es lineal. Todas las posibilidades, todos los caminos, están pasando, a la vez, en alguna parte..."

lunes, 15 de marzo de 2010

Amnesia en el parque

Running out of time by stoneth
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El síndrome de Korsakoff ( síndrome amnésico-confabulación) es una enfermedad mental producida por ausencia de tiamina (vitamina B1), causada frecuentemente por el alcoholismo y la desnutrición.Cursa con amnesia anterógrada, donde los nuevos acontecimientos no se guardan en la memoria a largo plazo.



No recuerda en que momento empezó a beber. Siempre había bebido. Desde adolescente , en las fiestas, en los encuentros en el parque con los amigos, en la universidad, las noches de sábado sin fin... Era algo divertido y habitual. La cosa se convirtió en algo realmente frecuente cuando lo dejó Beatriz. Entonces hizo lo que vulgarmente se conoce como" ahogar las penas en alcohol". Bebía al principio para olvidar , luego para soportar el dolor agudo de su pecho, luego por costumbre , hasta que al fin olvidó porqué bebía , quién era, de dónde venía y a dónde iba, y sobre todo consiguió olvidar el motivo de su miseria y su amargura. En esa época dejó de comer, punzantes dolores gástricos le impedían probar bocado y dejó de asearse y de ir al trabajo.Un día llegó a tal estado de embriaguez que alguien lo recogió, de madrugada, tirado en un portal, a punto de la hipotermia y en coma etílico.Lo ingresaron varios días en un hospital, nadie vino a verlo, la relación con su familia había sido siempre casi inexistente desde que su madre murió. Luego le dieron el alta y volvió a la calle, malvivió durmiendo en contenedores, comiendo sobras de los supermercados, y pidiendo monedas para comprar algún tetrabrick de vino barato con que volver a emborracharse..una vez más.
Un día agredió a un peatón que le pisó los cartones donde dormía y acabó en la comisaría.Al fin le vio una asistenta social que intentó averiguar quien era y si tenía a alguien que cuidara de él, pero ya lo había perdido y olvidado todo, y no hubo más que hacer que ingresarlo de nuevo, esta vez en el psiquiátrico de Saint Germain. Allí le restringieron de la libertad por un tiempo pero por lo menos se dio el baño que no se había dado en meses y tenía una cama caliente donde dormir. Para su desgracia duró solo un par de semanas, cuando la unidad de agudos consideró que podía reinsertarse a la sociedad, que simplemente tenía el Sd. de Korsakoff, una incapacidad para retener los acontecimientos recientes. Por eso siempre olvidaba donde había dormido la noche anterior, quienes eran los compañeros que lo ayudaron la tarde siguiente o porque se encontraba en una u otra calle tras vagar desconcertado horas enteras por la ciudad...
Así una mañana de marzo acabó con sus huesos en un parque, era pequeño pero acogedor,tenía una fuente en medio de la que podía beber agua, y unos arbustos bajos donde protegerse durante la noche. Decidió adoptar como campamento base un banco cara al sol donde pasar el día, y se aseguró que hubiera una tienda de alimentación de chinos no demasiado lejos para comprar vino .Allí se quedó durante meses.
El primer día que la vio llegar se quedó mirándola como una polilla que sigue a la luz...Aquella muchacha le recordaba a alguien, alguien que le removía ese hueco donde se hallaba su corazón, una sensación casi olvidada y remota.Se evocó en su cabeza una presencia familiar en cuanto la miró, pero no pudo precisar nada más. Esa tarde se entretuvo en observarla largo rato,no entendía a quien esperaba la chica, pero estaba claro que le habían dado plantón. Era rubia, pequeña y delgada, vestía un amplio abrigo negro y una pañuelo anudado al cuello. Estuvo sentada frente a él, en un banco, sin mirarlo, durante la casi media hora larga que permaneció allí , revolviéndose en el asiento, echando ojeadas al reloj y luego a los lados de la calle algo inquieta y enfadada .Él la miraba, la admiraba, extasiado,le parecía la mujer más hermosa , dulce y desamparada que había visto nunca. Allí sola, esperando a algún desagradecido que no apreciaba su espera, su desesperación, porque había una mirada líquida en sus ojos rojos que la delataban. Estaba triste y sola, casi como él.Se acercó entonces muy despacio, casi cojeando, no tenía nada que perder, era sólo un simple vagabundo:
-Hola ¿tienes una monedas?
Ella negó con la cabeza sin mirarlo.
Él se sentó a su lado, muy pegado al borde del banco, guardando una excesiva distancia , como para no asustarla.
-No estés triste, no vale la pena.
Ella se giró para mirarlo entre asustada y confusa.
-Perdón ¿como dice?
-Nada, nada..¿seguro que no tienes monedas?
-No,lo siento.
-Que ojos más bonitos tienes, son enormes , como el mar...
Ella no dijo nada, y volvió a mirar impaciente hacia la salida del parque, movió una rodilla como si tuviera un tic, de arriba abajo nerviosamente. De repente se levantó, pero no se fue.
-Eres preciosa, yo nunca hubiera hecho esperar a una chica como tú. Miento. La memoria a veces me traiciona ¿sabes?Sí que hice esperar a una chica como tu, guapa, inteligente, decidida,valiente, me quería,y yo a ella, me comporté como un niño consentido, la hice daño, no supe retenerla, yo era demasiado egoísta, un iluso que creía que se comería el mundo...y el mundo me comió a mi..me dio inmenso bocado..-se rió un poco y se calló. Permaneció así durante casi 5 minutos.
La chica se había vuelto a sentar en el banco abstraída en sus pensamientos, se frotaba las manos, jugueteba con una piedrecilla de la baldosa a sus pies, de vez en cuando cogía una ramita de romero del seto y la hacía pedacitos pequeños. De repente él le volvió a hablar.
-Hola ¿ tienes monedas?
-No, no, ya le he dicho que no tengo...
-Que ojos más bonitos, son enormes, como el mar... Eres preciosa, ¿que haces aquí tan sola?
Esta vez la chica se levantó, un poco asustada y se fue.
Él se tomó la botella de vino y se quedó dormido, poco después empezó a caer el frío de la noche.
Al día siguiente ella volvió a cruzar el parque y le vio tirado sobre los cartones con unas babas marrones en la comisura de los labios. Le observó desde más cerca, animada por la forma en que dormía a pleno ronquido. Era bastante guapo para ser un vagabundo, llevaba ropas de marca , sucias y descoloridas, pero de marca, los zapatos eran de piel, y sus manos aunque con las uñas negras y sucias eran finas y sin callos. Le resultó un vagabundo curioso, extrañamente turbador. Al volver a casa comenzó entonces a pasar siempre por el parque.
-Hola-se atrevió un día a decirle al cruzárselo más de cerca.
-Hola-dijo él con la boca abierta-¿tienes una monedas?
-Si, toma.
-Gracias rubia, que ojos más bonitos..son enormes, como el mar..¿te lo han dicho alguna vez?
Sí, se lo habían dicho muchas veces, todas y cada una de las que había pasado por aquel parque .Se lo decía él , siempre que la veía, como si fuera la primera vez , siempre con la misma profunda y sincera admiración, siempre como sorprendido, como si nunca la hubiera visto en su vida, y lo hacía con la misma emoción de alguien que se encuentra con una perla en el mar, con una pepita de oro en el río,con una gema maravillosa, única e irrepetible. Nunca, nunca más encontró a nadie con una capacidad de asombro como la del aquel individuo, nunca nadie alabó sus ojos con un tono más sincero y sentido que el de aquel vagabundo, el eterno sorprendido ante su belleza.
Siempre... siempre con el asombro de la primera vez.


"Buscad la belleza, es lo único que merece la pena en este asqueroso mundo"





Para B.
un final feliz...